Un lance del béisbol nos puede ayudar a comprender mejor el
asunto que abordaremos en este breve comentario: el texas, ese
batazo entre dos o tres, detrás del cuadro, casi siempre fildeable,
en el que no se ponen de acuerdo jardineros y jugadores de cuadro.
Vista la jugada mediante la repetición en video, la mayoría de las
veces queda desmentida la frase "picó en terreno de nadie". Alguien
o algo falló, aunque lo común en el equipo a la defensiva es que uno
piense que el culpable es el otro y viceversa.
En nuestros avatares cotidianos, el "síndrome del texas" aflora
más de la cuenta cuando se trata de asumir deberes y delimitar
responsabilidades, desde la restitución del pavimento y las aceras
cuando se abren zanjas hasta el despeje en tiempo y forma de los
trámites que enredan al ciudadano en una madeja burocrática de nunca
acabar.
Cuando se analizan a fondo estos y otros entuertos, tropezamos
con que su resolución cae en terrenos con nombres propios y
apellidos singulares, que apuntan a funcionarios con rostros
visibles e instituciones específicas.
En el orden material, irrita la sensibilidad esa conexión
extraviada en el territorio de la ineficiencia y la desidia que
implica pérdidas de cosechas; productores que incumplen contratos,
abastecedores que incumplen entregas de insumos, acopiadores que
incumplen los plazos, comercializadores que incumplen los términos
de la distribución... ¡Y la vianda, la verdura o la fruta que no
llega a la mesa!
A escala social el síndrome aludido se escurre por los
intersticios de la socorrida plataforma de pensar que la solución de
los problemas es tarea de todos y responsabilidad de nadie.
Esta errada manera de ver las cosas tiende a enmascararse ante la
complejidad de un problema sobre el que gravitan múltiples factores
y se entrecruzan causas diversas.
El método de trabajo seguido por la dirección del país en la
implementación de los Lineamientos aprobados por el último Congreso
del Partido está demostrando que por muy tremendos que sean los
obstáculos y muy complejos los asuntos, pueden abordarse y
encaminarse a partir del diagnóstico objetivo, el estudio de
antecedentes, el esclarecimiento conceptual, la definición de
programas, la adopción de medidas puntuales y concretas, y un
consecuente seguimiento y control; todo ello con responsabilidades
determinadas y términos de ejecución.
Esto es válido también para afrontar el reciente reclamo que nos
hizo el General de Ejército Raúl Castro para trabajar por el
restablecimiento del orden, la disciplina, la convivencia social y
los valores cívicos.
En sus palabras del pasado 7 de julio pormenorizó
responsabilidades: "Es hora ya de que los colectivos obreros y
campesinos, los estudiantes, jóvenes, maestros y profesores,
nuestros intelectuales y artistas, periodistas, las entidades
religiosas, las autoridades, los dirigentes y funcionarios a cada
nivel, en resumen, todas las cubanas y los cubanos dignos, que
constituyen indudablemente la mayoría, hagan suyo el deber de
cumplir y hacer cumplir lo que está establecido, tanto en las normas
cívicas como en las leyes, disposiciones y reglamentos".
Si cada uno de los sectores mencionados, de acuerdo con sus
dinámicas y características, se proponen seriamente —es decir,
mediante acciones coordinadas, sistemáticas, puntuales— enfrentar
las manifestaciones indeseables y, al mismo tiempo, promover
conductas y actitudes positivas, más temprano que tarde prevalecerán
los valores éticos que defendemos.
El análisis y la implementación de acciones tienen que partir de
cada colectivo, sector e individuo. Todo comienza en uno; en la
capacidad que despleguemos para fildear la bola y no dejarla al
arbitrio del otro.
En nuestra sociedad, el texas no puede ser el batazo de moda.