El “síndrome del texas”

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Un lance del béisbol nos puede ayudar a comprender mejor el asunto que abordaremos en este breve comentario: el texas, ese batazo entre dos o tres, detrás del cuadro, casi siempre fildeable, en el que no se ponen de acuerdo jardineros y jugadores de cuadro. Vista la jugada mediante la repetición en video, la mayoría de las veces queda desmentida la frase "picó en terreno de nadie". Alguien o algo falló, aunque lo común en el equipo a la defensiva es que uno piense que el culpable es el otro y viceversa.

En nuestros avatares cotidianos, el "síndrome del texas" aflora más de la cuenta cuando se trata de asumir deberes y delimitar responsabilidades, desde la restitución del pavimento y las aceras cuando se abren zanjas hasta el despeje en tiempo y forma de los trámites que enredan al ciudadano en una madeja burocrática de nunca acabar.

Cuando se analizan a fondo estos y otros entuertos, tropezamos con que su resolución cae en terrenos con nombres propios y apellidos singulares, que apuntan a funcionarios con rostros visibles e instituciones específicas.

En el orden material, irrita la sensibilidad esa conexión extraviada en el territorio de la ineficiencia y la desidia que implica pérdidas de cosechas; productores que incumplen contratos, abastecedores que incumplen entregas de insumos, acopiadores que incumplen los plazos, comercializadores que incumplen los términos de la distribución... ¡Y la vianda, la verdura o la fruta que no llega a la mesa!

A escala social el síndrome aludido se escurre por los intersticios de la socorrida plataforma de pensar que la solución de los problemas es tarea de todos y responsabilidad de nadie.

Esta errada manera de ver las cosas tiende a enmascararse ante la complejidad de un problema sobre el que gravitan múltiples factores y se entrecruzan causas diversas.

El método de trabajo seguido por la dirección del país en la implementación de los Lineamientos aprobados por el último Congreso del Partido está demostrando que por muy tremendos que sean los obstáculos y muy complejos los asuntos, pueden abordarse y encaminarse a partir del diagnóstico objetivo, el estudio de antecedentes, el esclarecimiento conceptual, la definición de programas, la adopción de medidas puntuales y concretas, y un consecuente seguimiento y control; todo ello con responsabilidades determinadas y términos de ejecución.

Esto es válido también para afrontar el reciente reclamo que nos hizo el General de Ejército Raúl Castro para trabajar por el restablecimiento del orden, la disciplina, la convivencia social y los valores cívicos.

En sus palabras del pasado 7 de julio pormenorizó responsabilidades: "Es hora ya de que los colectivos obreros y campesinos, los estudiantes, jóvenes, maestros y profesores, nuestros intelectuales y artistas, periodistas, las entidades religiosas, las autoridades, los dirigentes y funcionarios a cada nivel, en resumen, todas las cubanas y los cubanos dignos, que constituyen indudablemente la mayoría, hagan suyo el deber de cumplir y hacer cumplir lo que está establecido, tanto en las normas cívicas como en las leyes, disposiciones y reglamentos".

Si cada uno de los sectores mencionados, de acuerdo con sus dinámicas y características, se proponen seriamente —es decir, mediante acciones coordinadas, sistemáticas, puntuales— enfrentar las manifestaciones indeseables y, al mismo tiempo, promover conductas y actitudes positivas, más temprano que tarde prevalecerán los valores éticos que defendemos.

El análisis y la implementación de acciones tienen que partir de cada colectivo, sector e individuo. Todo comienza en uno; en la capacidad que despleguemos para fildear la bola y no dejarla al arbitrio del otro.

En nuestra sociedad, el texas no puede ser el batazo de moda.

 

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