WASHINGTON.
—El Pentágono reconoció que la prisión en la base naval
estadounidense en Guantánamo, en el este de Cuba, gasta cerca de mil
millones de dólares anualmente, y el monto total superará los cinco
mil millones para 2014.
Desde 2002, Washington mantiene un centro de internamiento en esa
instalación ubicada en territorio cubano contra la voluntad del
pueblo y Gobierno de la isla caribeña.
El promedio de gastos de cada uno de los 166 prisioneros es de
dos millones 700 mil dólares al año, la cifra per cápita más alta
calculada hasta la fecha y que incluye los costos de los
aproximadamente dos mil militares que garantizan la seguridad de la
cárcel y que permanecen allí en rotaciones que fluctúan entre nueve
meses y un año.
El costo para 2013 asciende a más de 454 millones de dólares y
tiene en cuenta los fondos para operar y ampliar la instalación, así
como los salarios del personal, señala un informe de la Oficina del
Contralor del Departamento de Defensa remitido al Comité Judicial
del Senado.
Sin embargo, de acuerdo con el diario Stars and Stripes,
probablemente el monto real supera las cifras antes señaladas porque
estas no tienen en cuenta las instalaciones modernas construidas en
2004 en las que se invirtieron más de 13 millones de dólares, ni del
llamado Campamento 7 utilizado por la CIA, cuyo presupuesto es
secreto.
Un informe similar revelado por medios de prensa en 2011 señalaba
que el costo por prisionero era en esa fecha de 800 mil dólares y se
consideraba la prisión más cara del mundo, en momentos en que había
en el centro 171 reos y mil 850 guardias de seguridad.
Tras asumir su primer mandato en 2009, el presidente Barack Obama
firmó una orden ejecutiva para cerrar la prisión en menos de un año,
pero desde entonces tuvo que enfrentar fuertes obstáculos en el
Capitolio para lograr ese objetivo.
Desde el 6 de febrero pasado, los prisioneros en la cárcel de
Guantánamo mantienen una huelga de hambre en protesta por los abusos
cometidos en su contra y las condiciones de su detención durante más
de una década, sin que se les impute acusación oficial alguna a la
mayoría de ellos.
Los detenidos rechazan otras medidas como el confinamiento por
tiempo indefinido, los registros a sus pertenencias y confiscación
de copias del Corán, el libro sagrado de los musulmanes.