WASHINGTON.—
Unos mil reclusos de 11 cárceles de California aún permanecen en una
huelga de hambre, que ya cobró la primera víctima fatal.
Autoridades estadounidenses penitenciarias señalaron este lunes
que investigan la causa de la muerte de Bill Sell, interno en la
Prisión Estatal de Corcoran, como un posible suicidio.
Aunque dijeron que este no participaba en el ayuno iniciado hace
20 días, huelguistas y sus defensores afirman lo contrario.
Los denunciantes sostienen que Sell, quien cumplía cadena
perpetua, había solicitado tratamiento médico en los días previos a
su muerte.
Medios locales de prensa informan que los propios funcionarios de
la prisión revelaron que 42 presos han buscado tratamiento en
enfermerías penitenciarias por problemas de salud relacionados con
este ayuno.
Uno de los internos fue llevado a un hospital externo, dijo Joyce
Hayhoe, portavoz de un juez federal.
Ronald Ahnen, uno de los siete mediadores que está tratando de
negociar con los funcionarios del Estado en nombre de los
prisioneros, dijo que el gobernador Jerry Brown y los
administradores de prisiones se niegan a darle participación a los
reos para resolver las demandas.
"Obviamente, cuanto más tiempo continúe la huelga, las
posibilidades aumentan de que algo como esto suceda (la muerte de
alguno de ellos)", advirtió Ahnen.
Esta es la tercera huelga de hambre desde 2011 para protestar por
el confinamiento en estas cárceles, donde, según estimados, hay unos
cuatro mil 500 presos en aislamiento extremo, muchos de ellos por
períodos de más de 10 años.
Las unidades de la prisión de Pelican Bay, en el norte de
California, son objeto de una demanda, la cual alega que las
condiciones de vida, incluido este confinamiento en solitario
durante 23 horas al día, equivale a un castigo cruel e inusual.
Unos 30 mil reos se negaron a comer al arrancar esta protesta,
que intenta llamar la atención sobre las violaciones de los derechos
humanos dentro del sistema penitenciario de ese estado de la costa
suroeste de Estados Unidos.