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Adiós a un maestro de maestros
Miguel Cabrera
(Historiador del Ballet Nacional de Cuba)
Lúcido,
entusiasta y en permanente contacto con el quehacer balletístico
cubano, el maestro Fernando Alonso, uno de los pedagogos más
relevantes del ballet de nuestro tiempo, cofundador del Ballet
Nacional de Cuba y uno de los pilares en la gestación de la escuela
cubana de ballet, nos ha dicho adiós en la tarde del pasado sábado
27 de julio, exactamente a cinco meses de cumplir 99 años de fecunda
existencia.
Nacido en La Habana, el 27 de diciembre de 1914, se inició en el
mundo de la danza en 1935, como alumno de la Escuela de Ballet de la
Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana; y continuó su formación
técnica y artística en los Estados Unidos de América a partir de
1937, bajo la guía de eminentes profesores, entre ellos el italiano
Enrico Zanfretta y los rusos Alexandra Fedorova, Anatole Vilzak,
Pierre Vladimirov y León Fokín. A partir de 1938 integró los elencos
del Ballet Mordkin, de varias comedias musicales llevadas a la
escena de Broadway y del American Ballet Caravan. En 1940
ingresó en el Ballet Theatre de Nueva York, donde alcanzó el
rango de solista y se mantuvo hasta 1948; fecha en que junto a
Alicia Alonso y su hermano Alberto, se dio a la tarea histórica de
fundar el hoy Ballet Nacional de Cuba, cuya dirección general asumió
durante 27 años.
En
1950, luego de limitar su carrera como bailarín para dedicarse
básicamente al trabajo de dirección en la Compañía y la Academia de
Ballet Alicia Alonso, fundada ese propio año, Fernando Alonso dio
comienzo a su labor más trascendente: la de pedagogo de danza. En la
Academia, la institución encargada de formar las primeras
generaciones de bailarines cubanos profesionales, iniciaría junto a
Alicia un serio trabajo de investigación encaminado a lograr un
método de enseñanza propio que con el paso de los años ha culminado
en la escuela cubana de ballet, hoy mundialmente reconocida. En el
difícil periodo que media entre 1948 y 1956, Fernando Alonso supo
enfrentar la apatía oficial y las incomprensiones de los gobiernos
que padeció Cuba, que negaban el más elemental apoyo a empeños
culturales de la magnitud del ballet cubano. En profética y valiente
ponencia, enviada al Congreso Continental de Cultura, celebrado en
Santiago de Chile en 1953, y que fuera leída por el poeta Nicolás
Guillén, afirmaba: El ballet empieza a enraizar en el pueblo, a
extraer las esencias autóctonas de las distintas nacionalidades, a
matizarse de nuevos colores, a vigorizarse con nuevas corrientes y a
ayudar al hombre medio y al hombre de abajo en su superación
artística e intelectual. Ya el ballet no será nunca más arte de
reyes o potentados sino arte de pueblo, tal como lo exigen los
nuevos tiempos. Por ello hemos de trabajar.
El advenimiento de la Revolución en 1959 proporcionó al maestro
Alonso infinitas posibilidades de realización profesional como
director general del Ballet Nacional de Cuba (1959-1975), de la
Escuela Nacional de Ballet (1962-1967), del Ballet de Camagüey
(1975-1992), de la Compañía Nacional de Danza de México y del Ballet
de Monterrey(1992-95). Cumplimentó también un extenso periodo de
colaboración con el movimiento danzario internacional, que incluyó
instituciones tan prestigiosas como la Ópera de París, el Ballet
Real de Wallonie, en Bélgica; la Escuela Nacional de Ballet de
Toronto, Canadá; el Ballet Clásico de Santiago de los Caballeros,
República Dominicana; el Instituto de Cultura de Yucatán, México; el
Instituto Colombiano de Ballet Clásico, así como festivales y
concursos en Moscú, Varna, Nueva York, Bulgaria y Perú, entre otros.
Vigilante perpetuo de los principios técnicos, éticos y estéticos
de la escuela cubana de ballet, aportó su rica experiencia al ballet
cubano como asesor del Ministerio de Cultura, de la Escuela Nacional
de Ballet, de la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de
Arte, del Centro Pro-Danza y como Presidente de Honor y miembro de
los Jurados de los Concursos y Encuentros Internacionales de
Academias para la Enseñanza del Ballet, efectuados en La Habana.
Por su valiosa contribución a la cultura de su país, se le
confirieron numerosas distinciones, tanto en su patria como en el
extranjero, entre las que figuran: la Orden "Félix Varela", del
Consejo de Estado de la República de Cuba (1981), los Doctorados
Honoris Causa en el Instituto Superior de Arte de Cuba (1984) y la
Universidad Autónoma de Nuevo León, México (1996); el Premio de las
Artes de la Universidad Autónoma de Nuevo León (1999), Medalla y
Diploma de Honor y Título de Visitante Distinguido, Trujillo, Perú
(1999), el Premio Nacional de Danza (2000), el Premio Nacional de
Enseñanza Artística, (2001), así como el Premio Benois de la
Danza, en Moscú; y el Título de Huésped Distinguido, en Santiago de
los Caballeros, República Dominicana, ambos en 2008.
En esta triste hora de su despedida física debemos entregarle,
como pleitesía mayor, el reconocimiento de todo su pueblo, por haber
sido precursor esclarecido en los años inciertos de nuestro bochorno
republicano e incansable hacedor en los tiempos nuevos.
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El agradecimiento eterno
Toni Piñera
En una hermosa y radiante tarde de julio,
como su larga y fructífera vida, fue sepultado ayer el
maestro Fernando Alonso en el cementerio de Colón de la
capital; rodeado de familiares, amigos, alumnos, bailarines,
artistas, compañeros y admiradores que le despidieron con
fuertes ovaciones y gritos de ¡Bravo!, como otrora en su
vida profesional y más tarde como maestro de muchas
generaciones e indiscutible Padre de la Danza cubana que es.
Carlos Padrón, presidente de la Asociación
de Artes Escénicas de la UNEAC, en sus sentidas y certeras
palabras para decir el último adiós al Maestro, en presencia
de Rafael Bernal, ministro de Cultura, significó que él se
nos había convertido en constante, multiplicador de
sueños... , con un saber acumulado más allá de razones
históricas, artísticas, técnicas, como fundacional figura
del arte en la Isla. Y sentenció que dejó una estela que
solo logran los imprescindibles. Tendrá para siempre
—finalizó—, esa categoría que pocos alcanzan: la de
Maestro... ; y Menia Martínez, quien fuera una destacada
figura del BNC, leyó una carta enviada por Aurora Bosch y
Loipa Araújo "de aquellas muchachitas de los comienzos que
se han multiplicado... ", que concluyeron con un "¡muchas
gracias Maestro!".
El amplio vestíbulo del Teatro Nacional en
la Plaza de la Revolución, fue el espacio seleccionado para
velar al Maestro Fernando Alonso; y acogió a muchos amigos
que vinieron a rendirle el último tributo. Las voces del
Coro Vocal Leo, el Teatro Lírico Nacional, el Conjunto de
violines de la Escuela de Arte Manuel Saumell, acercaron
hermosas melodías que inundaron la sala de una emoción
singular, mientras se sucedían en la guardia de honor
directores, bailarines, técnicos de casi todas las compañías
cubanas de danza: Ballet de Camagüey, Ballet Nacional de
Cuba, Danza Contemporánea de Cuba, Ballet Español de Cuba,
Danza Combinatoria, Conjunto Folclórico Nacional, entre
otras; así como profesores, alumnos de las Escuelas de
Ballet, personalidades del arte y la cultura, críticos... Y
luego, ya como pueblo que lo admirará siempre, agradecimos
con fuertes ovaciones la inmensa obra creada en la pequeña
Isla caribeña. |
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