Ciego de ávila

Decidido aporte ante la falta de constructores

Ortelio González Martínez

Por estos días una doble satisfacción inunda a Jorge Tamayo Romero, trabajador de la empresa La Cuba, quien cuando se convocó a varias organizaciones del territorio a un esfuerzo para adelantar la entrega de las primeras 98 viviendas en lo que se conoce como el edificio Pediátrico, no vaciló en brindar su aporte desde los inicios.

Elegancia y seguridad caracterizan al edificio recién terminado.

"Hace como cinco años, en una sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, oí hablar a Raúl de la necesidad de resolver el problema de la falta de constructores, con tantas cosas que había que construir. Aquello se me quedó grabado en la mente. Siempre quise aportar en lo que pudiera y se me dio esta oportunidad".

Como era de suponer, en la obra donde él laboraría también estaban presentes las dificultades con los albañiles, electricistas, carpinteros, plomeros... Jorge llegó al frente de una cuadrilla de apenas siete constructores que pusieron el nombre de La Cuba tan alto como el mismo edificio.

"En febrero del año pasado nos dieron el cuarto piso. Cuando era necesario, laborábamos hasta 12 horas continuas, sin importarnos las limitaciones con los recursos. Mi brigada estaba acostumbrada a trabajar en las viviendas normales, de una sola planta y para nosotros esto era algo nuevo, pero nos adaptamos rápidamente.

"Debíamos guiarnos con precisión milimétrica por lo que decía el proyecto para que la transformación quedara bien. Eso entrañaba un reto porque ahí estaba nuestro orgullo, el nombre de la empresa, que es muy buena en la producción de alimento y no podía ser menos en la nueva tarea asignada.

"Siempre nos sentimos útiles porque sabíamos que nuestra labor también respondía a la estrategia del Estado cubano de rescatar las obras paralizadas y rehabilitar las edificaciones en mal estado.

"El aprovechamiento de la jornada laboral puede catalogarse de bueno. Por lo menos uno veía a la gente trabajando horas y horas, incluso, en labores bien difíciles. Las fuerzas estaban bastante bien organizadas, con disciplina laboral y tecnológica.

"En la obra se utilizó tecnología que yo jamás había visto, como la bomba de hormigón para poder elevar el material hasta los tanques del edificio, a unos 30 metros de altura, o los llamados moldes deslizantes en la torre de ascensores.

"Ya hemos ganado en experiencia y si nos llaman a brindar nuestro aporte en la construcción de los otros dos bloques, lo haremos con gusto".

Para nadie es un secreto los cuantiosos recursos que destina el país al desarrollo constructivo. El rescate de esta edificación es muestra de ello; en ese empeño Jorge y su brigada son de los mejores ejemplos.

Por eso, cuando los integrantes del colectivo de constructores se reunieron para entregar la vivienda, brazos unánimes reconocieron que, además de la necesidad real de una casa, Jorge había sudado lo suficiente para merecerla.

 

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