"Hace como cinco años, en una sesión de la Asamblea Nacional del
Poder Popular, oí hablar a Raúl de la necesidad de resolver el
problema de la falta de constructores, con tantas cosas que había
que construir. Aquello se me quedó grabado en la mente. Siempre
quise aportar en lo que pudiera y se me dio esta oportunidad".
Como era de suponer, en la obra donde él laboraría también
estaban presentes las dificultades con los albañiles, electricistas,
carpinteros, plomeros... Jorge llegó al frente de una cuadrilla de
apenas siete constructores que pusieron el nombre de La Cuba tan
alto como el mismo edificio.
"En febrero del año pasado nos dieron el cuarto piso. Cuando era
necesario, laborábamos hasta 12 horas continuas, sin importarnos las
limitaciones con los recursos. Mi brigada estaba acostumbrada a
trabajar en las viviendas normales, de una sola planta y para
nosotros esto era algo nuevo, pero nos adaptamos rápidamente.
"Debíamos guiarnos con precisión milimétrica por lo que decía el
proyecto para que la transformación quedara bien. Eso entrañaba un
reto porque ahí estaba nuestro orgullo, el nombre de la empresa, que
es muy buena en la producción de alimento y no podía ser menos en la
nueva tarea asignada.
"Siempre nos sentimos útiles porque sabíamos que nuestra labor
también respondía a la estrategia del Estado cubano de rescatar las
obras paralizadas y rehabilitar las edificaciones en mal estado.
"El aprovechamiento de la jornada laboral puede catalogarse de
bueno. Por lo menos uno veía a la gente trabajando horas y horas,
incluso, en labores bien difíciles. Las fuerzas estaban bastante
bien organizadas, con disciplina laboral y tecnológica.
"En la obra se utilizó tecnología que yo jamás había visto, como
la bomba de hormigón para poder elevar el material hasta los tanques
del edificio, a unos 30 metros de altura, o los llamados moldes
deslizantes en la torre de ascensores.
"Ya hemos ganado en experiencia y si nos llaman a brindar nuestro
aporte en la construcción de los otros dos bloques, lo haremos con
gusto".
Para nadie es un secreto los cuantiosos recursos que destina el
país al desarrollo constructivo. El rescate de esta edificación es
muestra de ello; en ese empeño Jorge y su brigada son de los mejores
ejemplos.
Por eso, cuando los integrantes del colectivo de constructores se
reunieron para entregar la vivienda, brazos unánimes reconocieron
que, además de la necesidad real de una casa, Jorge había sudado lo
suficiente para merecerla.