"La corrupción y otros desafíos heredados del viejo régimen
permanecen; se necesita tiempo para resolverlos", agregó según Ansa.
El mandatario precisó que no está aferrado al sillón presidencial
y que no tiene otra responsabilidad que la que le confiaron
democráticamente. "No se dejen robar su revolución", puntualizó.
Mursi enfrenta cada vez más presiones, con nuevas renuncias en su
gabinete, que ya suman seis ministros, así como un ultimátum del
ejército para resolver la crisis en 48 horas. Una declaración del
gobierno rechazó dicho plazo de los militares.
Por su parte, el principal partido opositor, Frente de Salvación
Nacional, dijo que confía en la declaración del ejército pero que no
apoyaría un golpe militar. Según fuentes militares, Mursi se reunió
con el jefe del ejército, el general Abdel Fatah al Sisi, para
hablar de la crisis política que sacude al país.
Decenas de miles de personas se dirigieron este martes hacia la
emblemática plaza Tahir, en El Cairo, para exigir la dimisión del
mandatario. La policía fue desplegada en la capital, donde la
mayoría de los comercios permanecían cerrados.
Uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes, el poderoso
movimiento islamista del que forma parte Mursi, urgió a los egipcios
a estar dispuestos a sacrificar sus vidas para prevenir un golpe de
Estado e hizo referencia a la sangre vertida para obtener la caída
del expresidente Hosni Mubarak en el 2011.