Jornada Cucalambeana

Vive la tradición

Roberto Miguel Torres Barbán

La huella que ha dejado la obra de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, en la tradición decimista cubana ha sido largamente legitimada por el imaginario popular, de manera especial en el sector campesino, que desde el siglo XIX transmite de generación en generación su original práctica de los diez versos octosílabos. El Cucalambé no solo le cantó al Hórmigo, río que atraviesa el mismísimo corazón tunero, sino también a los parajes de El Cornito, finca a cinco kilómetros de la ciudad, desde donde se inspirara para crear la mayor parte de su obra.

 Foto: Yaciel Peña De la Peña (AIN)El legado y la tradición se perpetúa con la práctica de la décima y el repentismo en los niños mediante los talleres infantiles.

Hasta ese lugar regresan —por esta fecha— amantes de la décima escrita u oral y de la propia obra de Nápoles Fajardo. La Jornada al Cucalambé o sencillamente la Fiesta Cucalambeana es una oportunidad para que quienes habitan los campos cubanos demuestren cómo la tradición campesina puede ser una habitual práctica en la modernidad.

Repentistas, tonadistas, treseros, laudistas, improvisadores, decimistas orales y escritores, artesanos y artistas, así como varias agrupaciones practicantes de bailes típicos, se confunden entre los cientos de visitantes que diariamente acoge El Cornito. Todos con sombreros de yarey, algunos incluso con botines y espuelas, unos con las pañoletas del bando rojo, otros con las del azul, pero todos con el distintivo campesino.

Así es la Cucalambeana, un gran guateque que garantiza su legado en la cultura, por eso lo realmente importante en El Cornito es estar en él, ser protagonista de lo que allí ocurre y así convencerse de que las tradiciones campesinas están vivas, no porque pertenecen a una herencia del pasado, sino porque realmente constituyen una práctica del presente.

Por ello la seguridad con que se dialoga en el Coloquio de la Décima y el Verso Improvisado, donde se viaja de la oralidad a la escritura y de Cuba a toda Iberoamérica. Una seguridad teórica que se confirma en la práctica de múltiples talleres infantiles para la formación de repentistas y tonadistas.

Cada primero de julio concluye lo que los tuneros orgullosos nombran como "la fiesta suprema del campesinado cubano". La fecha no es fruto de un día al azar, sino que coincide con el nacimiento de El Cucalambé, ese mismo día de 1829. Un festejo de nacimiento y no de muerte porque aún se desconoce el día de fallecimiento de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, solo que desapareció misteriosamente un día cualquiera de 1861. Por tal motivo, la Cucalambeana se permite envolver por ese halo de misticismo para convertirse en lo que realmente es: una verdadera jornada de nacimiento y tradición.

 

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