Un puesto de combate cotidiano

Dilbert Reyes Rodríguez

Como en toda Cuba, en el litoral de la provincia oriental de Granma también hay hombres trasnochados que le cuidan los bordes al país.

Solo el acceso al puesto fronterizo requiere alta preparación física. fotos del autor

Pies firmes sobre la piedra cortante o caminando por tierra de costa no siempre firme, un ejército de jóvenes de las Tropas Guardafronteras vence a diario el tórrido calor solar o el sueño de madrugada.

Muchachos de barba en ciernes, de edades que apenas rebasan los 20 años, son los ojos insomnes de la Patria ante un peligro constante que acecha desde el mar; pues en su condición de isla, por naturaleza cercana a las rutas marítimas del narcotráfico hacia el norte del continente, Cuba no puede descuidarse ni un minuto.

Por eso hay hombres valientes que la resguardan de la penetración de la droga que llega por arrastre a sus costas, como pasa con inaudita frecuencia en un Puesto Fronterizo del municipio de Niquero, llamado El Real.

Curvas caprichosas de la geografía en la zona, más las corrientes marinas que allí confluyen, han convertido el lugar en un depósito natural de objetos flotantes, entre estos la peligrosa droga, botada al mar por comerciantes internacionales sorprendidos en el tráfico, o perdida en un trasbordo clandestino fallido.

El soldado Yosvani y el capitán Ramón, en un ejercicio de instrucción ante un posible recalo.

"De los 117 hechos de recalo ocurridos en las costas de Granma el año pasado, 49 sucedieron en este tramo de la costa sur de este municipio, informa el teniente coronel Ifraín Reyna, jefe de la Capitanía del Puerto de Manzanillo.

"Fueron recalos masivos, muy difíciles, pues ya no eran los paquetes grandes llamados contenedores, sino muchos paqueticos pequeños de 400 o 500 gramos, que obligaron a desplegar por un periodo largo un gran sistema de detección y ocupación.

"Para ello se designaron numerosos recursos y medios navales entre Cabo Cruz y Pilón, y contamos con el apoyo invaluable de las fuerzas colaboradoras y los destacamentos Mirando al Mar, sin los cuales lograríamos muy poco y no pudiéramos abarcar un tramo tan grande.

"Salta a la vista la diferencia entre el 2012 y el anterior. En este fueron más hechos y menos droga, a la inversa del 2011, un año en el cual lo notorio fue la captura de una lancha accidentada, con una gran carga.

"Por el contrario, los paqueticos últimos desgastan. Aparece uno primero, otros después, y el examen de la costa tiene que ser muy exhaustivo", valora el oficial.

El capitán Ramón Torres, jefe del Puesto de Tropas Guardafronteras confirma la apreciación. "El 2012 fue un año complejo, no tanto por la cantidad, sino por lo pequeño de los paquetes. Se dispersan mucho y pueden quedar escondidos bajo cualquier piedra, además de la facilidad de camuflarlos en el bolsillo de gente inescrupulosa. No es lo mismo encontrar un contenedor, que en pocos metros encontrar seis paqueticos, más adelante otros 12. Es difícil".

Sin embargo, aunque están conscientes de la importancia capital de su misión, muchos de los soldados no ven el recorrido como lo más difícil.

Yosvani Serrano, por ejemplo, confiesa que lo más complejo fue superar la impresión de la llegada a la unidad, verse parado en la cima de una gran terraza marina, de siete escalones gigantes en forma de farallones, "y el puesto que se veía chiquitico, a decenas de metros allá abajo, en la línea de costa".

Después de algunos meses, ya es un león por aquellos senderos. "Si al inicio demoraba media hora o más para bajar, ahora lo hago en diez minutos, incluso con 20 litros de agua o combustible en los hombros".

Respecto a su preparación, comenta que reciben clases sobre los tipos de droga, los efectos que causan, los lugares más proclives a recalos, las medidas a adoptar cuando se detectan.

"También tenemos un plan de ejercicios físicos en un gimnasio, aunque los recorridos y las propias emboscadas (operativo desplegado cuando informan de algún recalo) son en sí una gran práctica física, por lo difícil del terreno, el diente de perro, las pendientes y el mar picado... ".

Yosvani aún se considera nuevo, pues aunque perdió la cuenta de sus periplos costeros, todavía no ha tenido contacto con un paquete.

"Me siento bien preparado para esa situación. He aprendido muchísimo sobre los peligros que tiene la droga para la sociedad y la salud humana, y mientras hayan menos recalos, menor será el riesgo de que penetren al territorio.

"De todas formas, para eso estamos aquí, para evitar que entren a Cuba y caigan en manos de gente inescrupulosa que la comercien o la consuman. Me siento en un puesto de combate, y defender a la Patria de la amenaza de la droga es un motivo de orgullo a mis 20 años".

 

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