Pies firmes sobre la piedra cortante o caminando por tierra de
costa no siempre firme, un ejército de jóvenes de las Tropas
Guardafronteras vence a diario el tórrido calor solar o el sueño de
madrugada.
Muchachos de barba en ciernes, de edades que apenas rebasan los
20 años, son los ojos insomnes de la Patria ante un peligro
constante que acecha desde el mar; pues en su condición de isla, por
naturaleza cercana a las rutas marítimas del narcotráfico hacia el
norte del continente, Cuba no puede descuidarse ni un minuto.
Por eso hay hombres valientes que la resguardan de la penetración
de la droga que llega por arrastre a sus costas, como pasa con
inaudita frecuencia en un Puesto Fronterizo del municipio de
Niquero, llamado El Real.
Curvas caprichosas de la geografía en la zona, más las corrientes
marinas que allí confluyen, han convertido el lugar en un depósito
natural de objetos flotantes, entre estos la peligrosa droga, botada
al mar por comerciantes internacionales sorprendidos en el tráfico,
o perdida en un trasbordo clandestino fallido.
"De los 117 hechos de recalo ocurridos en las costas de Granma el
año pasado, 49 sucedieron en este tramo de la costa sur de este
municipio, informa el teniente coronel Ifraín Reyna, jefe de la
Capitanía del Puerto de Manzanillo.
"Fueron recalos masivos, muy difíciles, pues ya no eran los
paquetes grandes llamados contenedores, sino muchos paqueticos
pequeños de 400 o 500 gramos, que obligaron a desplegar por un
periodo largo un gran sistema de detección y ocupación.
"Para ello se designaron numerosos recursos y medios navales
entre Cabo Cruz y Pilón, y contamos con el apoyo invaluable de las
fuerzas colaboradoras y los destacamentos Mirando al Mar, sin los
cuales lograríamos muy poco y no pudiéramos abarcar un tramo tan
grande.
"Salta a la vista la diferencia entre el 2012 y el anterior. En
este fueron más hechos y menos droga, a la inversa del 2011, un año
en el cual lo notorio fue la captura de una lancha accidentada, con
una gran carga.
"Por el contrario, los paqueticos últimos desgastan. Aparece uno
primero, otros después, y el examen de la costa tiene que ser muy
exhaustivo", valora el oficial.
El capitán Ramón Torres, jefe del Puesto de Tropas
Guardafronteras confirma la apreciación. "El 2012 fue un año
complejo, no tanto por la cantidad, sino por lo pequeño de los
paquetes. Se dispersan mucho y pueden quedar escondidos bajo
cualquier piedra, además de la facilidad de camuflarlos en el
bolsillo de gente inescrupulosa. No es lo mismo encontrar un
contenedor, que en pocos metros encontrar seis paqueticos, más
adelante otros 12. Es difícil".
Sin embargo, aunque están conscientes de la importancia capital
de su misión, muchos de los soldados no ven el recorrido como lo más
difícil.
Yosvani Serrano, por ejemplo, confiesa que lo más complejo fue
superar la impresión de la llegada a la unidad, verse parado en la
cima de una gran terraza marina, de siete escalones gigantes en
forma de farallones, "y el puesto que se veía chiquitico, a decenas
de metros allá abajo, en la línea de costa".
Después de algunos meses, ya es un león por aquellos senderos.
"Si al inicio demoraba media hora o más para bajar, ahora lo hago en
diez minutos, incluso con 20 litros de agua o combustible en los
hombros".
Respecto a su preparación, comenta que reciben clases sobre los
tipos de droga, los efectos que causan, los lugares más proclives a
recalos, las medidas a adoptar cuando se detectan.
"También tenemos un plan de ejercicios físicos en un gimnasio,
aunque los recorridos y las propias emboscadas (operativo desplegado
cuando informan de algún recalo) son en sí una gran práctica física,
por lo difícil del terreno, el diente de perro, las pendientes y el
mar picado... ".
Yosvani aún se considera nuevo, pues aunque perdió la cuenta de
sus periplos costeros, todavía no ha tenido contacto con un paquete.
"Me siento bien preparado para esa situación. He aprendido
muchísimo sobre los peligros que tiene la droga para la sociedad y
la salud humana, y mientras hayan menos recalos, menor será el
riesgo de que penetren al territorio.
"De todas formas, para eso estamos aquí, para evitar que entren a
Cuba y caigan en manos de gente inescrupulosa que la comercien o la
consuman. Me siento en un puesto de combate, y defender a la Patria
de la amenaza de la droga es un motivo de orgullo a mis 20 años".