El gobierno de Estados Unidos no para en sus continuas campañas
mediáticas contra Bolivia, para las cuales utiliza como instrumentos
a la fraccionada y debilitada oposición de esta nación andina, y a
varios medios de prensa derechistas que actúan como partidos
políticos.
El régimen de Washington, a través de su sede diplomática en La
Paz, instruyó evidentemente a sus mercenarios nacionales para correr
el rumor de que la Casa Blanca congelaría por cinco años las
relaciones con el Gobierno del presidente Evo Morales.
Las noticias sobre la supuesta intención de la administración
norteamericana fueron difundidas inicialmente por el cotidiano
derechista El Diario, el cual, por cierto, lo hizo luego que las
autoridades bolivianas le anunciaron a ese medio que podría ser
embargado si no paga los impuestos que debe al fisco, cuya suma
asciende a casi 190 millones de dólares.
A la nueva cruzada orquestada contra Bolivia se sumaron
inmediatamente varias voces mediocres de la oposición, las cuales se
hicieron eco del reporte de El Diario, y sus especulaciones fueron
incluso más lejos, al pronosticar que la eventual determinación de
Washington aislaría al ejecutivo de Morales del mundo, como si
Estados Unidos fuera el Universo.
El objetivo del cacareo de los adversarios del proceso de cambio
en curso en este Estado sudamericano es crear preocupación en la
población, y en aquellos que aun ven al régimen norteamericano como
su amo, luego de prolongados años aquí de dominio imperialista a
través de gobiernos entreguistas y neoliberales.
Pero nada está más alejado de la verdad que las informaciones y
rumores lanzados en La Paz acerca de un supuesto congelamiento por
Washington de sus nexos con Bolivia.
Bien conocido es en esta capital que la administración del
mandatario Barack Obama lleva meses intentando, casi suplicando, que
el ejecutivo de Morales le conceda el plácet a su designado
embajador en esta nación latinoamericana, lo cual no ha conseguido
hasta el momento.
De otro lado, es sabido que una retirada de Estados Unidos
limitaría su accionar subversivo en Bolivia, y a su vez su objetivo
público de tratar de destronar del poder en las venideras elecciones
del 2014 al actual Presidente, por su clara conducta antimperialista
y en favor de la integración de la Patria Grande.
Tampoco el régimen norteamericano es tan tonto de replegarse de
un país con inmensos recursos naturales y un futuro económico
próspero, además de una situación geopolítica que es vital para sus
planes de desestabilización en Latinoamérica.
El murmullo engendrado por Washington, es solo eso, y si hablamos
de congelamiento de relaciones, más bien es Bolivia la que ha puesto
en la nevera a Estados Unidos por su conducta conspirativa e
injerencista.