En opinión de Arcelio López Torres, subdirector de salario en la
dirección provincial de Trabajo y Seguridad Social, en Cerámica y la
Cárnica, Producciones industriales y Servicios de ingeniería (del
MICONS estas dos últimas), Tabaco torcido, Agropecuaria de Majibacoa,
Suministro y transporte o Aseguramiento y servicio (del Ministerio
de la Agricultura), así como Transportes escolares, se deteriora la
correlación entre el salario medio y la productividad, y no es por
desconocimiento. Ninguno de los directores es nuevo o carece de la
experiencia necesaria. Quizás hay quienes se confían demasiado o se
descuidan un poco y ahí viene el problema.
"Cuando se realiza una planificación correcta, seria, objetiva,
con discusión profunda, y se mantiene un seguimiento constante en
los consejos de dirección¼ es más difícil
que afloren situaciones así".
La práctica indica que a veces el económico no le habla con total
claridad al director o no alerta bien acerca del peligro que gravita
sobre la empresa; del mismo modo que algunos directores no les
prestan toda la atención o les restan importancia a las advertencias
de sus especialistas.
Estudiosos y conocedores del tema, sin embargo, consideran que
independientemente del modo en que se manifieste el asunto, nada
exime a los directivos de su responsabilidad ante una deformación o
insuficiencia como esa.
Pagar salario sin un comportamiento proporcional de la producción
y la productividad, no solo puede llevar al nefasto fenómeno de la
inflación, con el consiguiente disparo de precios en productos de
alta necesidad, sino también sedimentar gradualmente deformaciones
de carácter moral e ideológico en la mentalidad de quienes dirigen y
producen.
Aun cuando el obrero, el técnico o el trabajador en general, no
es culpable directo de que se le pague más de lo que debe recibir,
todo el mundo sí debe sentir que de algún modo el salario percibido
guarda justa relación con lo aportado y con el sudor que a lo largo
de ese mes perló la frente y la espalda.
El Lineamiento 41, de la Política Económica y Social del Partido
y la Revolución es cristalino al buscar "una relación entre el
crecimiento de la productividad del trabajo y del ingreso medio de
los trabajadores, que no deteriore el equilibrio monetario interno
ni la eficiencia de la economía nacional".
El meollo está en la capacidad de situar el contenido de ese y de
otros lineamientos a las particularidades de cada lugar.
Por ello directivos y economistas de empresas como la dedicada a
producciones industriales, de la construcción, tocan con la yema del
dedo puntos neurálgicos dentro de su entorno, conscientes de que si
bien una parte de la solución escapa de sus manos, otra, no
despreciable, está en sus propios esfuerzos.
No es fácil mantener "a raya" indicadores tan exigentes, cuando
se depende de otros para una transportación que dispara gastos por
encima de lo planificado (a eso obliga la compleja situación con las
hormigoneras), o cuando se vende al mismo precio de hace décadas un
producto cuyas materias primas e insumos hoy cuestan mucho más.
Explicaciones así pueden brotar en mayor o menor grado, con más o
menos consistencia, en una u otra entidad. Pero bien vale la pena
mirarse por dentro, como ha decidido hacer el MICONS, para reordenar
su transporte, su fuerza laboral, hacer un mejor y más eficiente uso
de las potencialidades humanas, financieras y materiales, así como
llevar un control más estricto de los índices de consumo.
Sin enfoques y acciones de este tipo, lo más probable es que en
algunos lugares la relación salario medio-productividad del trabajo
no pase de ser un espejismo que amenaza convertir a la economía en
una jaba agujereada, por cuyos huecos escapa más dinero del que
entra.