El ex presidente
sudafricano Nelson Mandela, de 94 años, pasaba este martes su cuarta
noche en un hospital de Pretoria en el que se encuentra ingresado en
estado grave, pero estable, desde el pasado sábado por una neumonía.
Mandela "recibe cuidados intensivos", indicó a la AFP el portavoz
de la presidencia sudafricana, Mac Maharaj.
El primer presidente negro de Sudáfrica recibió el lunes la
visita de su primera esposa Winnie Madikizela-Mandela y de su hija
común Zindzi.
Las otras dos hijas del expresidente le visitaron el domingo,
mientras que su actual esposa Gra a Machel ha estado a su cabecera
desde su ingreso en el hospital.
El gobierno informa con cuentagotas sobre el estado del héroe
nacional, que se ha visto aquejado de problemas pulmonares
recurrentes desde que se le diagnosticó tuberculosis en 1988 cuando
estaba en la cárcel.
Esta es su cuarta internación en siete meses de este personaje
universal considerado un símbolo mundial de la paz y el perdón y el
padre de la "Nación del Arcoiris".
La presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Nkosazana
Dlamini-Zuma, dijo que había oído que Mandela está "respondiendo
positivamente al tratamiento".
"Él ha hecho su parte. Nosotros rezamos para que se restablezca",
dijo Kennedy Moraga fuera de una clínica especializada en
enfermedades cardiovasculares en Pertoria, donde se cree que está
internado.
Las visitas al héroe de la lucha contra el apartheid están
estrictamente restringidas a sus familiares más cercanos en un
intento de reducir el riesgo de infecciones.
A finales de abril, el presidente Jacob Zuma y responsables del
Congreso Nacional Africano (CNA), en el poder, se fotografiaron
junto a un Mandela muy debilitado en su casa de Johannesburgo.
La visita levantó fuertes críticas ya que muchos consideraron que
los dirigentes querían sacar rédito político a esta imagen con el
héroe nacional.
El CNA —que se prepara para las elecciones de 2014— ha perdido el
brillo que le dio Mandela en medio de una corrupción rampante, la
pobreza y el deterioro de los servicios públicos.
El partido y el gobierno negaron informaciones de la prensa local
que señalaban que el entorno cercano de Mandela les había impedido
visitarlo en el hospital.
—"Un legado que nunca morirá"—
Maharaj dijo a la AFP que las autoridades quieren "crear un
entorno favorable para su recuperación".
"Los más allegados lo hacen por esta razón, no por otra cosa",
dijo. "Está recibiendo tratamiento y queremos que lo reciba en las
mejores condiciones" que considere su familia.
"Les gustaría limitar el flujo de visitantes". "El presidente le
visitará en el momento apropiado", dijo el portavoz que señaló que
Zuma no "quiere invadir su espacio sí o sí".
Mandela, que cumplirá 95 años en julio, ha regresado al hospital
dos meses después de ser internado en abril por una neumonía.
No se le ha vuelto a ver en público desde la final del Mundial de
Fútbol de Sudáfrica en julio de 2010, y lleva años retirado de la
vida pública.
"Es hora de que le dejemos irse", titulaba el diario Sunday
Times, en un sentimiento compartido por mucha gente en el país.
El exarzobispo anglicano Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz al
igual que él, se ha sumado a la legión de personalidades tanto
sudafricanas como internacionales deseándole un rápido
restablecimiento.
"Mientras que el padre querido de nuestra nación Tata (padre)
Nelson Mandela sufre una vez más los estragos del tiempo en el
hospital, nuestras oraciones son por su comodidad y su dignidad",
declaró en un comunicado el que fuera también uno de los principales
luchadores contra el apartheid.
En las redes sociales como Twitter muchas personas le desean una
pronta recuperación, pero también están preparadas para lo peor.
"Es hora de que se deje ir a Mandela. Ha servido a su país.
Déjenle descansar con dignidad y un legado que nunca morirá", dice
Ketha Msane en un tuit.
La desaparición de Mandela no parece que vaya a afectar el día a
día de Sudáfrica, según el analista Daniel Silke, aunque no se
descarta que su eventual fallecimiento impacte en los mercados,
genere un creciente malestar de los trabajadores y presione al rand,
la moneda nacional.
"La enfermedad de Nelson Mandela y su eventual fallecimiento no
se produce en un bueno momento para el país económicamente hablando
y podría crear cierta intestabilidad en los mercados", dijo Silke.
Mandela, además de haber sido diagnosticado con tuberculosis,
también fue sometido a tratamiento por cáncer de próstata y
problemas estomacales.
En diciembre, pasó 18 días en el hospital, su internamiento más
largo desde que salió por su propio pie de la cárcel de Robben
Island en 1990, frente a Ciudad del Cabo donde pasó 18 de los 27
años de detención en las mazmorras del régimen del apartheid.
En marzo fue internado brevemente para someterse a un control
antes de regresar a finales de mes por 10 días a causa de una
neumonía.
Tras concluir su mandato como presidente, Mandela dedicó su
tiempo y su energía a luchar contra el SIDA y la resolución de
conflictos, antes de alejarse de la vida pública hace una década a
los 85 años.
La exitosa transición del régimen racista del apartheid a la
democracia le valió el Premio Nobel de la Paz en 1993, que compartió
con el último presidente del apartheid, Frederik De Klerk.