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Aldo y Harold, herencia compartida
Pedro de la Hoz
En la ruta de los jazzistas cubanos de nuestra época no digo nada
nuevo al situar a Aldo López Gavilán y Harold López-Nussa entre los
adelantados. Pero la justa nombradía alcanzada en el trato con el
jazz, y en general con la música instrumental contemporánea, se
sustenta también en una faceta que no siempre consideramos: ambos
forman parte de la vanguardia entre los ejecutantes de la llamada
música de concierto, no solo por su sólida formación académica —ahí
está la labor de la escuela cubana del instrumento, herencia
compartida por estos dos jóvenes—, sino por el sobrado talento
volcado en sus ejecuciones.
Harold
López-Nussa.
Una nueva prueba de ello la tuvo el público que abarrotó la
basílica Menor de San Francisco de Asís durante la clausura, el
pasado fin de semana, del Encuentro de Jóvenes Pianistas, evento
que, como afirmaron sus principales animadores, el profesor Salomón
Glades Mikowsky y Miriam Escudero, llegó para quedarse.
Cada cual, en elocuente gesto fraternal, intercambió obras de su
cosecha —Aldo interpretó a Harold y Harold interpretó a Aldo—,
además de mostrarse como ejecutantes de piezas propias. La sección
final del recital, a cuatro manos, selló el encuentro.
Sin embargo, prefiero referirme a los planteamientos sonoros de
estos pianistas en obras de máxima exigencia del repertorio
académico universal. Aldo eligió Cuadros de una exposición,
del ruso Modest Mussorgski, y Harold la Sonata no. 1,
del argentino Alberto Ginastera.
Compuesta en 1874 —mucho después Maurice Ravel orquestaría el
material original—, Mussorgski se inspiró en las pinturas y bocetos
de su malogrado amigo Víctor Hartmann. La suite consta de
diez partes, engarzadas de principio a fin por un tema
característico, Promenade (Paseo), en el cual Mussorgski,
según confesión propia se veía a sí mismo contemplando la producción
pictórica. Decididamente romántico, el autor se hallaba poseído en
aquellos años por una convicción, la cual describió metafóricamente
del siguiente modo: "¡A las nuevas playas, sin temor a la tormenta y
los arrecifes!".
Aldo
López Gavilán.
La novedad se traduce en una textura musical que presagió la
innovación impresionista. No hace falta conocer la obra de Hartmann
para gozar la grandeza de la música de Mussorgski, revelada por Aldo
López Gavilán al precisar sin limitaciones el carácter y la
intensidad de cada pasaje, como en su tiempo y salvando las
diferencias, lo hizo el gran Sviatoslav Richter en una de las
interpretaciones de culto, la del recital de Sofía en 1958.
En cuanto a Harold es sumamente importante que se haya decidido
por la sonata de Ginastera. Soy de los que defiende que en cada
evento cubano haya un espacio para el reconocimiento de las más
elevadas calidades de la música de nuestra América. Y conste, no es
agrio nuestro vino. Ginastera, como Villa-Lobos, Revueltas, Caturla
y Roldán, es un fundador. La sonata, de retadores momentos rítmicos
y audaces incursiones politonales, no tiene desperdicio para todo el
que pretenda algo más que brillar por los pasajes virtuosos; es
ideal para conseguir la plenitud de una imagen artística, como fue
el caso de Harold López-Nussa. |
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