
La versión de Romeo y Julieta creada por Alicia Alonso
para el BNC bajo el título de Shakespeare y sus máscaras,
constituyó un indiscutible éxito, en el 2003, cuando se estrenó en
Valencia (julio) y luego en diciembre en La Habana.
Lo sigue siendo hoy, a diez años de ver la luz, pues resulta una
obra con "ingredientes" que subyugan. Por ejemplo, existen muchas
versiones de la obra del célebre dramaturgo llevadas al ballet en la
escena internacional; sin embargo, la Alonso buscó nuevamente la
originalidad, utilizando por vez primera la que Charles Gounod
creara para su ópera homónima, a partir de una adaptación musical de
Juan Piñera. Y hay más, es una pieza mágica, en la que el espectador
siempre encuentra detalles nuevos en el vocabulario danzario de la
coreógrafa. A ello se sumó en el estreno mundial la singular
escenografía del cubano Ricardo Reymena y el diseño de vestuario del
conocido artista español Pedro Moreno.
En esta primera puesta del 2013 Shakespeare¼
llegó a las tablas de la sala Avellaneda, del Teatro Nacional,
sorpresivamente renovada en cuanto a la escenografía de Reymena. La
original estaba muy bien diseñada en su solución, pero era menester
hacerla más dúctil. Los que conocíamos de sobra la anterior
encontramos hasta una mayor claridad para apreciar la inteligente
coreografía, que suma ahora unos hermosos y bien realizados telones,
donde emerge una notable labor de pintura escenográfica. Este nuevo
diseño es más teatral y en cuanto a las tonalidades trabajadas, se
acopla a la perfección al vestuario de Moreno.
Pero, dejemos que Reymena, el destacado diseñador y creador de la
plástica, nos ofrezca su "versión" en palabras: "Aunque otras
escenografías pueden ser más complejas que esta nueva para
Shakespeare..., en principio el reto consistió en crear otra
imagen escénica para un ballet que tuvo un estreno conjunto de
coreografía y escenografía, además del vestuario. Era esencial
mantener el espíritu shakesperiano, la imagen del teatro isabelino
y, luego, encontrar la tonalidad de color adecuada para diseñar,
teniendo en cuenta el vestuario de Moreno. Los telones
que sitúan cada escena y bloquean la embocadura del teatrino son
ahora más notables que en el diseño original. Mantuve los arcos
laterales, corpóreos, que constituyen un elemento fundamental en la
coreografía, pues entre ellos se producen movimientos puntuales en
casi todas las escenas. Esos laterales juegan como calles de Verona,
o galerías interiores de la casa de los Capuleto, o su
jardín".
Haciendo un balance, dijo, creo que se confirma aquello de
que el diseño es la conclusión de un concienzudo trabajo de
producción, como el realizado con soluciones inteligentes de
proyectos por Ernesto Peón. También ha sido muy importante el
creativo y sensible diseño de las luces de Ruddy Artiles; tan gélido
en la escena de la tumba en su atmósfera de frialdad, y tan
imaginativo en el dúo de Romeo y Julieta en el jardín. Y
puntualizó que esta producción es más sencilla de montar que la
original.
En cuanto a la presentación del viernes, y a pesar de la perenne
lluvia, la pieza acaparó un respaldo de público pleno de ovaciones,
en primer lugar de agradecimiento a la profesional labor del dúo
Anette Delgado/Dani Hernández en Julieta y Romeo, respectivamente.
Ellos se entregaron por completo y ofrecieron una función singular,
donde conjugaron la técnica, el baile y también la actuación.
Brillante, así podría calificarse.
Shakespeare y sus máscaras grabó un importante momento en
esta nueva temporada. Las noveles huestes de Alicia se van
sedimentando en los clásicos, van haciendo suyas las obras de tanto
bailar, aunque siempre hay tela por donde cortar en algunos
personajes, pero no hay mucho espacio. Al menos, en la primera
función —comentada aquí—, se observó un equilibrio bastante alto del
nivel interpretativo. Sin obviar el trabajo de la orquesta, que
conducida por el maestro Giovanni Duarte regaló, otro punto a favor
de estas jornadas.