CCSF Sabino Pupo, en Guantánamo

Por el sendero de los frutales

Jorge Luis Merencio Cautín

La Cooperativa de Crédito y Servicios Fortalecida Sabino Pupo, radicada en la comunidad de Guayacán, en la premontaña del municipio guantanamero de El Salvador, está entre las cinco bases productivas de esta provincia seleccionadas para incorporarse al Programa Nacional de fomento de los frutales.

“Cada día que pasa le cojo más amor a la tierra, por lo agradecida que es”, asegura el joven Pedro Luis.

Ayudaron a la elección su tradición productiva en frutas como mango, zapote, níspero y aguacate; la incipiente experiencia en el cultivo de papaya y guayaba, y las favorables condiciones climáticas y de suelo para el desarrollo de esos renglones agrícolas en secano.

El colectivo dedicaba 34 hectáreas a esos cultivos cuando hace algo más de un año se insertó en el movimiento. Desde entonces acá suma otras 30 hectáreas, para totalizar 64, aseguró su presidente Matía Hernández Grandales.

"Hemos planificado cerrar el presente año con no menos de 80 hectáreas y sobrepasar el centenar para el 2015. En ese crecimiento —amplía— la mayor cantidad del área corresponderá a la frutabomba Maradol roja y a la guayaba enana roja, dos variedades cubanas de alto potencial productivo, ya probadas por nosotros.

"En esta semana debemos buscar en Las Tunas diez mil posturas de guayaba para su siembra inmediata. Las de frutabomba las producimos nosotros. Como tarea inmediata en el campo de las semillas está la creación de un vivero para el incremento de especies autóctonas como el aguacate, zapote, níspero y marañón, las cuales plantaremos mayormente intercaladas con el café".

El año pasado, no obstante las afectaciones del huracán Ike a los sembradíos, esta CCSF entregó al Estado 126 toneladas de frutabomba y 14 de guayaba. Para el actual ya tiene contratadas con la industria 176 toneladas de papaya.

El productor de 23 años de edad, Pedro Luis Dedieux Pelier, es uno de los mejores exponentes en el fomento de los frutales en esa organización de base campesina. De las 13,6 hectáreas que tiene su finca, destina ocho a esos cultivos, especialmente a la papaya, y ya alistó el terreno y se prepara técnicamente para incursionar en la siembra de guayaba enana, mango y aguacate.

"Una mañana visité la finca de Raúl Díaz, en Tumbalabana, y me enamoré tanto de sus sembradíos de frutabomba que enseguida comencé a producirla. Eso fue hace tres años, cuando yo apenas tenía 20, y desde entonces me ha deparado buenos resultados económico-productivos. Por eso es mi cultivo insigne.

"Yo podía desempeñarme en otra tarea, pues me gradué como obrero calificado en Construcción Civil, pero me motivó más atender la finca de mi padre. Para satisfacción mía, de la familia y la cooperativa, él dice que soy un buen relevo".

 

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