Ayudaron a la elección su tradición productiva en frutas como
mango, zapote, níspero y aguacate; la incipiente experiencia en el
cultivo de papaya y guayaba, y las favorables condiciones climáticas
y de suelo para el desarrollo de esos renglones agrícolas en secano.
El colectivo dedicaba 34 hectáreas a esos cultivos cuando hace
algo más de un año se insertó en el movimiento. Desde entonces acá
suma otras 30 hectáreas, para totalizar 64, aseguró su presidente
Matía Hernández Grandales.
"Hemos planificado cerrar el presente año con no menos de 80
hectáreas y sobrepasar el centenar para el 2015. En ese crecimiento
—amplía— la mayor cantidad del área corresponderá a la frutabomba
Maradol roja y a la guayaba enana roja, dos variedades cubanas de
alto potencial productivo, ya probadas por nosotros.
"En esta semana debemos buscar en Las Tunas diez mil posturas de
guayaba para su siembra inmediata. Las de frutabomba las producimos
nosotros. Como tarea inmediata en el campo de las semillas está la
creación de un vivero para el incremento de especies autóctonas como
el aguacate, zapote, níspero y marañón, las cuales plantaremos
mayormente intercaladas con el café".
El año pasado, no obstante las afectaciones del huracán Ike a los
sembradíos, esta CCSF entregó al Estado 126 toneladas de frutabomba
y 14 de guayaba. Para el actual ya tiene contratadas con la
industria 176 toneladas de papaya.
El productor de 23 años de edad, Pedro Luis Dedieux Pelier, es
uno de los mejores exponentes en el fomento de los frutales en esa
organización de base campesina. De las 13,6 hectáreas que tiene su
finca, destina ocho a esos cultivos, especialmente a la papaya, y ya
alistó el terreno y se prepara técnicamente para incursionar en la
siembra de guayaba enana, mango y aguacate.
"Una mañana visité la finca de Raúl Díaz, en Tumbalabana, y me
enamoré tanto de sus sembradíos de frutabomba que enseguida comencé
a producirla. Eso fue hace tres años, cuando yo apenas tenía 20, y
desde entonces me ha deparado buenos resultados
económico-productivos. Por eso es mi cultivo insigne.
"Yo podía desempeñarme en otra tarea, pues me gradué como obrero
calificado en Construcción Civil, pero me motivó más atender la
finca de mi padre. Para satisfacción mía, de la familia y la
cooperativa, él dice que soy un buen relevo".