Luego
de fracasar en su intento de provocar el caos interno en Venezuela,
el derrotado candidato derechista Henrique Capriles Radonski se ha
enfilado hacia la arena internacional. Con una estrategia bien
elaborada y asesorada, emprendió una campaña para deslegitimar desde
los Estados Unidos, allende sus fronteras, al gobierno legítimo,
fruto de las pasadas elecciones.
Su método es sencillo. Desestabilizar a las instituciones y
desacreditar a los principales líderes del proceso bolivariano, en
especial al presidente Nicolás Maduro, detrás de lo cual están
seguramente personeros como Otto Reich y Roger Noriega.
Su nada inocente visita a Bogotá ha formado una tormenta que
amenaza con afectar el buen clima de las relaciones entre Colombia y
Venezuela, dos naciones con lazos históricos, económicos y sociales.
Capriles inició su gira para, según él, denunciar la
"fraudulenta" voluntad popular expresada en las urnas el 14 de
abril. El derechista fue más allá y advirtió que todavía restan
varios encuentros con otros gobiernos latinoamericanos. "Colombia no
será la primera ni la última parada de estas visitas", dijo.
Hizo las maletas dejando a un lado las acusaciones en su contra
por desgobernar el estado Miranda. La propia presidenta del Consejo
Legislativo de ese estado venezolano, Aurora Morales, afirmó este
jueves que la desatención de sus responsabilidades como gobernador
coloca a Capriles "al margen de la Constitución" y recordó que la
instancia legislativa que ella encabeza presentó hace semanas un
recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia para aclarar la
situación.
El "tour" del líder golpista apunta también a afectar las
conversaciones de paz que mantienen en La Habana el gobierno de
Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército
del Pueblo, en las que Venezuela participa como acompañante. De esa
manera le hace el juego a la ultraderecha paramilitar que lo ha
apoyado antes y que está dispuesta a hacer cualquier cosa por evitar
que se termine el conflicto colombiano, el cual han convertido en un
negocio.
Como parte de la estrategia, la gran prensa utiliza esas
distracciones para ocultar otras noticias. Poco ha dicho de la
visita de tres ministros del Gobierno bolivariano a Bogotá para
fomentar los nexos económicos. Mucho menos de la reciente
colaboración colombo-venezolana en la lucha contra las drogas, que
permitió la extradición de tres reconocidos narcotraficantes.
A Capriles y sus aliados les importan poco los métodos y mucho
menos, las consecuencias.