LISBOA, 27 de mayo.— La crisis económica mundial empezó en
Estados Unidos con la quiebra del banco Lehman Brothers, durante el
gobierno de George W. Bush, como una clara consecuencia de la
globalización desregulada de la ideología neoliberal que, sin normas
éticas, subordina el poder de los estados a los mercados usureros,
las empresas off-shore y el lucro por el lucro. Ignora a las
personas, que no cuentan aunque se estén muriendo de hambre.
Entre el 2007 y el 2009 publiqué algunos libros, entre ellos
Un mundo en mutación, Elogio a la política, Luchando
por un mundo mejor y En el centro del huracán; en los que
advertí el riesgo de que el neoliberalismo contagiase al euro y a la
propia Unión Europea (UE).
El presidente estadounidense Ronald Reagan (1911-2004) y la
primera ministra británica Margaret Thatcher (1925-2013) fueron los
campeones de la política neoliberal en los años 80, continuada luego
por el pseudo-laborista Tony Blair con las consecuencias desastrosas
que ya conocemos.
Teniendo en cuenta el profundo nexo entre Estados Unidos y
Europa, el neoliberalismo norteamericano contagió inevitablemente a
la UE. A partir de entonces, empezó la crisis europea, especialmente
en la zona euro, con el liderazgo de la canciller (jefa de gobierno)
alemana Ángela Merkel.
Merkel, originaria de la entonces Alemania Oriental, fue
militante comunista pese a ser luterana. Después de la caída del
Muro de Berlín, se declaró contraria a la unidad alemana, una fusión
a la que contribuyeron los estados europeos, Portugal incluido.
Como es sabido, el primer país afectado por la crisis del euro
fue Grecia, la cuna de nuestra civilización, razón por la cual
debería haber sido mejor tratada. Pero no lo fue.
Merkel, aliada a los liberales ultra conservadores, aunque se
denomine demócrata cristiana, reaccionó exactamente como querían los
mercados.
Grecia, donde los bancos alemanes tenían un peso considerable,
anduvo de mal en peor hasta conseguir lo suficiente para pagar los
enormes intereses que le exigía la troika, integrada por la Comisión
Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario
Internacional (FMI).
Al mismo tiempo, los llamados estados periféricos de la zona
euro, con o sin apoyo financiero, fueron progresivamente entrando en
crisis. Primero Irlanda, después Portugal, España, Italia (la
tercera economía europea), Chipre, seguidos por el sorprendente
colapso de Holanda. Francia es la última adición a la lista.
Todo esto, debido a la política criminal de austeridad impuesta
por Alemania, secundada por la Comisión Europea, presidida por José
Manuel Durão Barroso (con sucesivos y graves cambios de opinión).
Con mayor discreción, han adoptado la misma política el presidente
del BCE, el italiano Mario Draghi y el FMI (que asimismo ha cambiado
varias veces de opinión respecto a la austeridad).
Se ha demostrado que la austeridad solo favorece a los mercados
usureros, y a quienes están detrás de ellos, mientras arrasa a los
estados y a sus respectivos pueblos. Y no solo a los llamados países
periféricos o del Sur, como se dedujo prematuramente. Échese un
vistazo a Holanda, Francia y Alemania; era evidente que la crisis
también golpearía a Alemania, como lo habían previsto los premios
Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros.
Alemania muestra cada vez más síntomas de dificultades por la
política de austeridad que promueve, al perder gran parte de su
mercado en Europa, que representa casi un 50 % de sus exportaciones.
Si la política de austeridad se mantiene, también Alemania entrará
en recesión.
La opinión pública europea está comenzando a entender que es
necesario —y urgente— cambiar la política y los políticos actuales,
que se han revelado incompetentes.
Los partidos gobernantes en Europa son casi todos ultra
conservadores, incapaces de entender la situación actual. El hecho
es que los partidos que construyeron la UE, como los socialistas,
los socialdemócratas, los laboristas y los demócrata-cristianos hoy
no están en el poder. Las excepciones son Francia e Italia, que
acaba de reelegir a su excelente presidente Giorgio Napolitano, a
pesar de su edad, y designar a Enrico Letta como primer ministro.
Tanto Letta como el presidente de Francia, François Hollande, se
declaran abiertamente en contra de la austeridad y quieren restituir
a los estados el control de los mercados, y no al revés.
Por todas estas razones, los pueblos de todos los países europeos
se manifiestan ruidosamente contra la troika, los mercados, los
pseudo-políticos y los gobiernos empeñados en la austeridad.
Hay que subrayar que los estados sociales —un producto de
posguerra—, la democracia tal como la concebíamos y el Estado de
derecho están siendo cuestionados. El dilema es simple: o se lucha
contra el desempleo, la pobreza generalizada y la recesión, y se
garantiza el Estado Social en todas sus vertientes, mientras todavía
estamos a tiempo, o la Unión Europea caerá en el abismo.
Esto también sería una tragedia para Estados Unidos (cuyo único
aliado fiel es la Unión Europea), y para el resto del mundo.
Tengo la esperanza de que esto no suceda porque el mundo no puede
querer que la Unión Europea, el proyecto político más original y
benéfico para los pueblos que ha sido concebido, simplemente
desaparezca y que aumente el peligro de un nuevo conflicto mundial.
Sería una marcha atrás en términos de civilización que nos haría
retroceder más de un siglo. ¡Que haya sentido común y coraje!
(IPS)
* Mario Soares, expresidente y ex primer ministro de Portugal.