Un Don Quijote memorable en el Mella

Toni Piñera

Cuánto ha corrido delante de nuestros ojos la versión cubana completa del clásico Don Quijote desde que viera la luz allá por 1988, y cuántos buenos intérpretes han dejado en ella sus huellas en el tiempo. Sin embargo, la función del domingo pasado motivó de manera especial a un público que abarrotó hasta el último rincón del teatro Mella, como clausura de la 25ta. Huella de España.


Viengsay Valdés en una Kitri inolvidable junto a José Lozada (Basilio).

Fue una tarde singular, en primer lugar porque la Kitri y el Basilio encontraron a unos intérpretes idóneos: una Viengsay Valdés inmensa, y a un no menos seguro y en excelente forma, José Lozada. Juntos, "arman" ya una cohesionada pareja que entregó instantes memorables. Desde la propia entrada se adueñaron del auditorio. Ímpetu y virtuosismo corrieron sobre el escenario, y hasta el más simple personaje de la pieza recibía la magia, el influjo de los protagonistas, una energía que nunca los abandonaría. Pues, ambos bailaron con una extrema proyección y unas ganas de hacer que motivaron al resto de la compañía. Amén que sintieron al público más cerca (algo muy positivo de esta sala), apoyándolos a cada instante —aunque es menester subrayar aquí, que en el ballet existen momentos para los aplausos y ¡bravos!, ya que con algunos exabruptos a destiempo se puede desconcentrar la labor de sus artistas. Pero esos espectadores estuvieron muy motivados, como lo fue este crítico.

Don Quijote se disfrutó desde otra dimensión, la de una comedia-ballet, pues, las interpretaciones y el baile se fusionaron de manera armónica. La selección de bailarín-personaje funcionó a la perfección en casi todos los personajes. Algo que permeó desde el dúo protagónico, porque nadie duda de que Viengsay es Kitri. Vale destacar ese primer acto donde se conjugaron, en positivo, todos los elementos, y en los que ella bordó de manera especial una variación de alto vuelo. Un dominio técnico casi absoluto, en el que cada planteamiento coreográfico encuentra una realización escénica natural, al extremo de que su baile consigue hacer desaparecer ante los ojos del público las dificultades propias de toda ejecución. Lo que queda es entonces un bailar fluido, donde no se aprecian ni la preparación ni el esfuerzo. Interpretativamente estuvo bien, en eso de provocar la risa espontánea sin perder la gracia de la poesía. Tarde para recordar la del 26 de mayo en la que destacó a su lado el joven Lozada. Fue siempre un solícito acompañante y aunque tuvo destellos en la interpretación, puede trabajarla más para alcanzar la perfección.

Hubo en la jornada varias actuaciones dignas de destacar. En primer lugar la labor de Espada, el torero (Víctor Estévez) y Mercedes, su amante (Verónica Corveas), quienes destacaron con un carisma singular, tanto en sus solos como en el trabajo de pareja. Mientras que con superlativos hay que mencionar a un bailarín que crece en las tablas a pasos agigantados: Alejandro Silva —¡excelente!— en el Gitano joven, y a su lado, otra joven bailarina que deja siempre huellas positivas en sus papeles, por muy pequeños que puedan resultar. Grettel Morejón, quien en la gitana Graciosa puso toda su piel en función de un personaje que se sintió con fuerzas. Don Quijote (Alfredo Ibáñez)/Sancho Panza (Ernesto Díaz) realizaron un dúo de altura, a partir de un diálogo escénico que pocas veces se integra de manera tan elocuente. Imprimiéndoles un sello personal, simpático y mesurado que mucho se agradece en la historia. Siguiendo el tono de comedia-ballet no podemos olvidar a Lorenzo, el posadero, un rol que Félix Rodríguez ha hecho muy suyo a través de los años, pero que matiza la obra. Cuerda por la que "camina" también el Camacho de Ernesto Álvarez (espléndido, pleno de matices que provoca con su inteligente y fino humor una hilaridad de matices diferentes).

El Amor encontró en la juvenil y diestra Massiel Alonso una intérprete idónea, mientras que Estheysis Menéndez, quien posee todas las condiciones para el difícil papel de la reina de las Dríadas, realizó un enorme esfuerzo, pero aún debe concentrarse un poco más y trabajarlo para brillar en toda la extensión de la palabra. Muy bien Lissi Báez/Regina Hernández en las amigas de Kitri, quienes desbordaron siempre el tono perfecto para bailar al unísono.

El cuerpo de baile contrastó un poco del desenfado y espontaneidad del primer acto relacionándose a cada instante con sus pantomimas y buen baile, con el del tercero, pues se observaba más atento al quehacer de los protagonistas que a poner la historia en juego, algo que es máxima en el quehacer del BNC en cada espectáculo. Pero, nada pudo restar a una función que dice a las claras que la compañía cubana sigue firme en su historia.

 

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