Una
serie de atentados con bombas en Bagdad y en el norte de Iraq dejó
al menos 70 personas muertas, en una nueva oleada de violencia.
Las bombas se centraron en áreas chiitas, especialmente en la
capital, y deben aumentar todavía más la creciente tensión
confesional en un país donde una minoría sunita acusa al gobierno de
haberlos marginalizado.
Con los ataques de este lunes, casi 1 000 personas murieron de
forma violencia en Iraq en menos de dos meses, en un verdadero baño
de sangre que las autoridades parecen incapaces de detener.