Arlenis
Sierra creía, claro que creía. Cómo no iba a tener fe la joven
ciclista granmense (Manzanillo, 7 de diciembre de 1992) en cruzar la
meta con los brazos en alto en el Campeonato Panamericano, cuando
todavía le quedaban fuerzas después de haber resistido todos los
ataques del pelotón en un circuito durísimo.
"Tan duro —afirma— que los organizadores se excedieron. Desde el
comienzo eran seis kilómetros de subida en Zacatecas (México, a casi
2 500 metros sobre el nivel del mar)". Y no tardó en hacer estragos
entre las competidoras: de las 44 que tomaron el banderazo de
salida, 13 se bajaron de la bicicleta antes del final. Pero ella no.
Como en los Juegos de Guadalajara 2011 corría otra vez a la
cabeza entre las mejores pedalistas del continente, aunque a
diferencia de entonces esta vez sí sentía presión. El peso de ser,
no ya una mera desconocida, sino una rival de consideración a la que
todas las favoritas miraban con interés.
"Cuando fuimos a Guadalajara, nunca pensamos que fuera a ganar.
El entrenador Leonel Álvarez me había orientado que ayudara, que si
se daba una fuga la controlara para ver si podía irme¼
Pero ahora yo era la campeona panamericana y no quería que nadie
pensara que aquella medalla fue de casualidad."
Tímida por naturaleza, en realidad, a Arlenis le cuesta poner
cada carrera en palabras, pero es de las ciclistas que sabe leer los
tiempos: cuándo atacar, cuándo flotar, cuándo seguir la rueda de
alguna rival que quiera escaparse y cuándo desprenderse a todo tren
para, en un último esfuerzo, llegar a la meta. La primera.
Es algo que ha ido aprendiendo con el tiempo, desde que sus
padres Jorge y Esperanza la instaron a inclinarse por el deporte,
sin que ninguno la atrajera mucho al principio, hasta que a los 11
años de edad descubrió el ciclismo y poco después estrenó su
palmarés en los Juegos Nacionales Escolares. Siempre en carreras de
largo aliento como la ruta o bien de grupo en la pista como el
scratch, aunque es sobre el asfalto donde confiesa sentirse más
cómoda.
México, además, siempre le ha deparado grandes alegrías desde que
el Campeonato Panamericano Juvenil de Aguascalientes marcó en el
2009 su debut internacional y allí alcanzó una medalla de plata en
la contrarreloj sobre 12 kilómetros y tres de bronce en el
velódromo: en la carrera por puntos, el scratch y la
persecución individual. Hasta llegar a Guadalajara, con aquel
momento emotivo en el que lloró de felicidad al coronar para Cuba
junto a Yumari González y Yudelmis Domínguez un podio histórico en
la ruta femenina.
Precisamente de dos campeonas mundiales como Yumari y Yoanka
González, asegura que ha sido un privilegio compartir equipo con
ellas, aunque más allá de la admiración, la espirituana ha devenido
una amiga especial por todos los consejos y el apoyo que siempre le
ha brindado.
"De ella aprendí a no rendirme nunca sobre la bicicleta, por más
que el cansancio empeore, y a correr sobre todo con deseo y
voluntad. Si es que lo más difícil es salir a entrenar todos los
días", sostiene.
Por eso, cuando el pelotón comenzó a desdibujarse, tras el primer
giro al circuito de Paseo La Bufa, no dudó en hacer su movimiento:
Viendo partir a la colombiana Luz Adriana Tovar, seguida por la
mexicana Ingrid Drexel y la estadounidense Carmen Small, oro y plata
de la contrarreloj, respondió. Cazaron a la colombiana, se fueron.
Todas en pos de la meta. Faltando entonces una sola vuelta, Arlenis
se incorporó sobre el sillín, forzó la marcha y tomó la vanguardia.
Ya no volvería a mirar atrás; aunque otra cubanita, Marlies Mejías,
estuvo a la altura y juntas hicieron el 1-2. Lo creyera o no lo
creyera la joven granmense, que tras no haber estado en Londres
2012, solo sueña con asistir a los Juegos de Río de Janeiro 2016.
Para luchar por una medalla, como siempre.