WASHINGTON.—
El presidente estadounidense, Barack Obama, y el primer ministro
turco, Recep Tayyip Erdogan, acordaron una estrategia conjunta para
finalizar el conflicto en Siria que pasa por la salida del poder del
actual gobernante, Bashar al-Assad.
Obama y Erdogan se reunieron este jueves en la Casa Blanca, un
día después de la aprobación de una resolución de condena a la
nación levantina ocurrida en la Asamblea General de la ONU y a la
cual se opusieron una docena de estados miembros del organismo
multilateral encabezados por Rusia y China.
Erdogan afirmó en rueda de prensa conjunta con su anfitrión que
la participación de Rusia y China es muy importante para encontrar
una solución al tema y reiteró que su país continuará la política de
puertas abiertas a refugiados sirios.
Turquía, una nación euroasiática, acoge en su territorio a más de
300 mil refugiados sirios y el gobierno de Ankara ha reiterado su
demanda de una implicación más activa de Estados Unidos en la crisis
del país levantino.
Obama y Erdogan dijeron que sus gobiernos y otros están
intercambiando datos sobre el presunto uso de armas químicas en
Siria, un socorrido guión ya seguido por Washington para justificar
intervenciones militares como la de Iraq en 2003.
El gobernante estadounidense expresó que la Casa Blanca tiene el
derecho a tomar medidas adicionales tanto diplomáticas como
militares contra Siria.
Damasco ha reiterado que rechazará cualquier dictado que lesione
su soberanía y se salga de lo estipulado por la Carta de las
Naciones Unidas y los principios del Derecho Internacional.
Siria, oficialmente República Árabe Siria, es un país de Oriente
Medio, a orillas del mar Mediterráneo, que comparte fronteras con
Turquía por el norte, Irak por el este, Israel y Jordania al sur, y
Líbano por el oeste. Es considerado una especie de péndulo en la
balanza de la convulsa región.