El 15-M, como son conocidos en recordación de la fecha que marcó
el germen del movimiento, ha regresado a las calles con menos
masividad pero más organizados bajo el lema "De la indignación a la
rebelión: escrache (protesta pacífica) al sistema".
Mientras, las estadísticas sobre la evolución de la economía en
los últimos años y la consecuente destrucción del sistema de
asistencia social, no hacen más que arrojar leña al fuego de un país
con más de seis millones de desempleados.
La pobreza aumentó un 8 % desde el 2008, año del estallido de la
burbuja inmobiliaria, con crecimientos más destacados en Canarias,
Comunidad Valenciana, Andalucía y Aragón, según datos del informe
Desarrollo humano y Pobreza en España, elaborado por el Instituto
Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación Bancaja.
Por su parte, la tasa de desempleo de larga duración (más de un
año sin trabajo), que mide la exclusión social, se multiplicó por
siete entre el 2006 y el 2013.
A pesar de ese escenario, los miles de jóvenes que salen a
protestar por una España mejor, corean: "Sin miedo, habrá futuro".