Pero cuando se revisan las estadísticas, lo concreto tiene otra
cara: a lo que se le denomina taquilla internacional, es en realidad
la taquilla estadounidense, esa que rompe constantemente las cifras
de recaudación e impone los gustos del consumo a partir del cine más
ferozmente comercial y millonario.
Desde hace muchos años, las listas anuales de lo más visto la
conforman filmes realizados en Estados Unidos o, en muy pocas
ocasiones, en Inglaterra o Canadá, con parte del capital procedente
de los estudios de Hollywood, como es el caso de las cintas de James
Bond.
Este año, los Oscar de la Academia (atendiendo incluso a la
discutible escala de valores artísticos allí predominantes)
estuvieron más que flojos. Pero llama la atención que de las diez
películas más taquilleras internacionalmente del 2012 ––las diez
norteamericanas, por supuesto–– solo una fue reconocida con la
estatuilla, Skyfall (el último James Bond), que ganó en mejor
canción y fotografía.
Las otras, con grandes cifras de recaudación, se fueron en
blanco. La lista es demostrativa de lo que prevaleció en esa llamada
taquilla internacional: Los vengadores, Skyfall, El
caballero oscuro (Batman), El Hobbit: un viaje inesperado
, La era del hielo 4, Crepúsculo: Amanecer parte 2,
El asombroso Spiderman, Madagascar 3, Los juegos
del hambre, y Hombres de negro 3.
Nueve de diez son sagas y la otra, Los juegos del hambre,
se filmó conjuntamente con su segunda parte.
La publicidad hace creer que las cifras millonarias que recaudan
las cintas más taquilleras son demostrativas de una calidad suprema
y se ampara en esos números para sostener sus campañas con datos a
primera vista aplastantes, como que las quince películas que en la
historia superaron los mil millones de recaudación son todas
norteamericanas, con Avatar (James Cameron) a la cabeza.
Una noción que instala en la mente de no pocos espectadores la
necesidad de salir corriendo a ver el último Batman, o de lo
contrario se sentirá un infeliz que se está perdiendo algo muy bueno
Muy rara vez (para contarse con los dedos) una película
extranjera ha logrado imponerse en la taquilla de Estados Unidos y,
si lo hace, y por escasos días, es porque responde a los códigos del
gusto comercial establecidos en esa sociedad.
Lo predominante es el boicot, o la compra de los derechos de
autor. ¿Gustó la argentina El secreto de tus ojos? Perfecto,
hacemos una versión norteamericana y la distribuimos a los cuatro
vientos, porque ya se sabe que sin distribución el cine se queda en
un intento a medias.
Y la distribución, a la manera de uno de esos juegos amañados en
que todos creen participar, la controlan los que luego triunfan en
la taquilla internacional.
De ahí que cuando una programación cinematográfica, o televisual,
se arma a partir de esa "taquilla internacional", lo que se hace en
realidad es llevar a las pantallas lo más dudoso y banal del cine
norteamericano.