Treinta años atrás los
familiares de 649 combatientes caídos en 1982 en la guerra de las
Malvinas recibieron una notificación de las autoridades británicas
para que aceptaran lo que denominaron "la repatriación" de los
restos mortales que reposaban en el territorio insular.
La respuesta fue contundente: "No se puede repatriar a quienes
descansan en suelo de la patria". Así, de manera digna y en
correspondencia con la demanda de soberanía sobre las islas
usurpadas por el Reino Unido, quedaron sembrados como semillas de
libertad en el cementerio de Darwin.
La muestra itinerante que recuerda ese gesto y la memoria de los
caídos llegó a Cuba, acogida por el centro histórico de la capital,
en el parque Rumañahui (Mercaderes y Lamparilla), como un monumento
a la ética, la justicia y la verdad, según expresó Julliana Marino,
embajadora de la República Argentina.
Cruces de madera expuestas al viento e imágenes que evocan la
inalienable pertenencia de las Malvinas al país austral conforman la
instalación.
Al dejar inaugurado el memorial, en presencia de autoridades del
Ministerio de Relaciones Exteriores y el ICAP, miembros del cuerpo
diplomático y artistas e intelectuales cubanos, el historiador
Eusebio Leal se refirió al incondicional apoyo de nuestro pueblo a
la causa argentina de las Malvinas, que nos recuerda la ilegal
ocupación de una parte del territorio guantanamero por Estados
Unidos, nación que ha convertido, además, ese enclave en vergonzoso
reducto donde se violan los derechos humanos.