El regreso de Elaín no se ha deslizado en silencio en el ámbito
local. Despegó con una canción que se dio a conocer con bastante
fuerza entre el público cubano. Una canción, Volando alto,
que habla de la independencia de espíritu, de la libertad y de las
elecciones individuales. Y mucha de esa libertad define su obra. En
efecto, el músico ha logrado llenar un apreciable espacio en el
ámbito musical patrio con un repertorio que se mueve con destreza en
diferentes terrenos de la creación sonora. Tanto en la esfera
popular, el bolero, el flamenco o la llamada música contemporánea. Y
no lo hace nada mal. O sea, el balance final es el de un producto
bien diseñado en el que los diferentes ritmos se entrelazan con
naturalidad. Lo anterior se deja ver en su tercer disco (sí, tercer
disco), que presentó en el Teatro Nacional bajo el nombre Volando
alto (EGREM).
Según se supo, Elaín fue elegido por la revista Billboard como
uno de los cantantes jóvenes a tomar en cuenta en el 2013. Pero eso
no importó demasiado en este concierto que tuvo mucho de
descubrimiento para los espectadores. Porque, a pesar de que ya
había transitado un camino en la escena local, su nombre todavía no
es el de un músico muy conocido. Claro, no es nada fácil recuperar
el sendero tras varios años alejado de los escenarios. Y eso pesa.
Pero el cantante se ha tomado muy en serio su retorno. De ahí que no
perdió tiempo en realizar un concierto como dios manda. Aunque, a
decir verdad, en esta ocasión el audio jugó todo el tiempo en el
equipo contrario.
Elaín se hizo acompañar de su grupo y de invitados como el
pianista Robertico Carcassés y Kelvis Ochoa. Vestido de negro y
camisa naranja salió al escenario. Según explicó, su apariencia
revestía un importante significado. "Este color naranja identifica a
la Campaña de la no violencia contra la mujer y yo, junto a otros
artistas como David Blanco, me identifico con ese llamado de
atención", dijo. Pero el compositor y cantante fue más allá al
dedicar su canción Sin pasaje de regreso a este proyecto, que
en Cuba tiene en la cantautora Rochy a una de sus principales
impulsoras. El tema fue uno de los que levantó al público. Lo
antecedieron otras canciones arropadas por una mixtura de estilos
como la timba, el bolero, el flamenco, el pop y la salsa.
Efectivamente, la manera en que interpreta este último género llama
bastante la atención. Lo hace con elegancia y respeto. Sin recurrir
a frases trilladas que realmente nada aportan y en muchas ocasiones
pueden llegar a lastimar la sensibilidad de los espectadores.
El sentido común es otro de los atributos de su repertorio. Por
ejemplo, no pierde la cabeza en la búsqueda de las luces de la
popularidad y, en cambio, muestra en sus temas preocupaciones que
pueden pertenecer a cualquier hijo de vecino. Y así, con la música,
llama la atención hacia asuntos valederos como la erradicación de la
violencia, la paz, la sinceridad... Todo ello sin ponerse serio ni
dejar de apuntar hacia la pista de baile. Porque ambas cosas, aunque
se piense lo contrario, no están reñidas. Y eso lo demostró Elaín
Morales en este concierto donde presentó su nuevo disco que vio la
luz con pretensiones de volar alto. Y, ¿por qué no?, ojalá así sea.