Las búsquedas de Elaín

Michel Hernández Sánchez

No lo conozco personalmente, pero la primera imagen que irradia Elaín Morales es la de un tipo en un constante cuerpo a cuerpo espiritual consigo mismo. Algo de eso deja ver en sus canciones pero no mucho. Hasta el momento. Porque el joven músico parece pasar por un proceso de intensa búsqueda que quizás lo lleve a recorrer caminos que ahora no llegue a imaginar. Ese mismo recorrido que lo trajo de regreso a los escenarios cubanos tras un largo periodo de ausencia.

Foto: Anabel Díaz MenaElaín Morales en concierto.

El regreso de Elaín no se ha deslizado en silencio en el ámbito local. Despegó con una canción que se dio a conocer con bastante fuerza entre el público cubano. Una canción, Volando alto, que habla de la independencia de espíritu, de la libertad y de las elecciones individuales. Y mucha de esa libertad define su obra. En efecto, el músico ha logrado llenar un apreciable espacio en el ámbito musical patrio con un repertorio que se mueve con destreza en diferentes terrenos de la creación sonora. Tanto en la esfera popular, el bolero, el flamenco o la llamada música contemporánea. Y no lo hace nada mal. O sea, el balance final es el de un producto bien diseñado en el que los diferentes ritmos se entrelazan con naturalidad. Lo anterior se deja ver en su tercer disco (sí, tercer disco), que presentó en el Teatro Nacional bajo el nombre Volando alto (EGREM).

Según se supo, Elaín fue elegido por la revista Billboard como uno de los cantantes jóvenes a tomar en cuenta en el 2013. Pero eso no importó demasiado en este concierto que tuvo mucho de descubrimiento para los espectadores. Porque, a pesar de que ya había transitado un camino en la escena local, su nombre todavía no es el de un músico muy conocido. Claro, no es nada fácil recuperar el sendero tras varios años alejado de los escenarios. Y eso pesa. Pero el cantante se ha tomado muy en serio su retorno. De ahí que no perdió tiempo en realizar un concierto como dios manda. Aunque, a decir verdad, en esta ocasión el audio jugó todo el tiempo en el equipo contrario.

Elaín se hizo acompañar de su grupo y de invitados como el pianista Robertico Carcassés y Kelvis Ochoa. Vestido de negro y camisa naranja salió al escenario. Según explicó, su apariencia revestía un importante significado. "Este color naranja identifica a la Campaña de la no violencia contra la mujer y yo, junto a otros artistas como David Blanco, me identifico con ese llamado de atención", dijo. Pero el compositor y cantante fue más allá al dedicar su canción Sin pasaje de regreso a este proyecto, que en Cuba tiene en la cantautora Rochy a una de sus principales impulsoras. El tema fue uno de los que levantó al público. Lo antecedieron otras canciones arropadas por una mixtura de estilos como la timba, el bolero, el flamenco, el pop y la salsa. Efectivamente, la manera en que interpreta este último género llama bastante la atención. Lo hace con elegancia y respeto. Sin recurrir a frases trilladas que realmente nada aportan y en muchas ocasiones pueden llegar a lastimar la sensibilidad de los espectadores.

El sentido común es otro de los atributos de su repertorio. Por ejemplo, no pierde la cabeza en la búsqueda de las luces de la popularidad y, en cambio, muestra en sus temas preocupaciones que pueden pertenecer a cualquier hijo de vecino. Y así, con la música, llama la atención hacia asuntos valederos como la erradicación de la violencia, la paz, la sinceridad... Todo ello sin ponerse serio ni dejar de apuntar hacia la pista de baile. Porque ambas cosas, aunque se piense lo contrario, no están reñidas. Y eso lo demostró Elaín Morales en este concierto donde presentó su nuevo disco que vio la luz con pretensiones de volar alto. Y, ¿por qué no?, ojalá así sea.

 

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