La
sonrisa se asoma nuevamente al rostro del entrenador Daniel Scott,
reincorporado a su labor como jefe técnico de la preselección
nacional masculina de baloncesto, tras recuperarse de una lesión
estomacal que lo mantuvo alejado de las canchas por espacio de un
año, una eternidad para él.
Luego de contemplar "los toros desde la barrera" en este periodo
de convalecencia, Scott regresa con la mente más fresca, trae nuevas
ideas y trabaja fuerte con sus pupilos para alcanzar el difícil,
pero no imposible, propósito de ubicarse entre los tres primeros
elencos del Torneo del Caribe, en Islas Vírgenes Británicas durante
junio próximo.
Sobre este y otros tópicos relacionados con el básquet nacional,
hizo alusión Scott a nuestro diario.
¿Hacia dónde se ha perfilado el trabajo?
No debería ser la tónica, pero a esta instancia los atletas
llegan con muchos defectos. Especialmente estamos trabajando en la
ofensiva, que ha sido nuestro lado flaco en los últimos años, al
punto de que ni siquiera anotamos 70 tantos por partido. Con
ejercicios ofensivos buscamos mejorar el ataque, sin descuidar la
defensa, que siempre ha sido el arma fundamental de los equipos
cubanos. No tenemos un jugador clave que anote 20 tantos cada día,
por lo que la estrategia está basada en repartir las puntuaciones y
así, con buena defensa y eficaz contraataque, tratar de cumplir el
objetivo.
¿Qué momento vive nuestro baloncesto?
Está pasando por un tránsito. Los entrenadores de provincias
deben dedicarse un poco más a los detalles, para que los hombres no
lleguen a la selección nacional con tantos problemas. Sabemos que
esto se debe al mismo championismo que lacera el deporte en
las categorías inferiores. Hay que trabajar diferentes elementos
como el rigor en el tiro libre, cuál es el momento ideal para tirar
en determinada acción y de esta manera no forzar el balón.
Una mirada por dentro...
A la Liga Superior todavía le faltan muchas cosas, como la
superación de atletas, entrenadores y árbitros. Las discusiones e
indisciplinas suceden porque toleramos mucho por parte de directores
de provincias, entrenadores y la Comisión Nacional. No podemos
culpar a nadie en específico, pues todos lo somos. Tiene que haber
más rigor, no entiendo por qué en ocasiones los árbitros no quieren
asumir las responsabilidades, cuando lo que toca es tomar
determinaciones que no afecten el desenvolvimiento del partido.
Tenemos que halar parejo este tren, si queremos elevar el nivel de
nuestro baloncesto.