Desde
su paso como atleta por el alto rendimiento, Leudin González Claro
(Holguín, 19 octubre de 1973) ha tenido que superar diversos
inconvenientes, aunque, en aquellos años de estancia por la
selección nacional, su principal escollo fue el fantasma de las
lesiones, que incluyó operaciones en los meniscos de la rodilla y
fracturas de tibia y costilla.
Su fortaleza física y mental lo hizo sobreponerse a estos
impedimentos e, incluso, lo llevó a alzarse con la medalla de oro en
los XVIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1998, en
Maracaibo, Venezuela, uno de los momentos que con mayor regocijo
archiva en su memoria. Hasta que al sufrir una nueva fractura en sus
extremidades inferiores y truncársele la aspiración de asistir a los
Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999, tomó la difícil decisión de
retirarse del deporte activo producto de todas las dolencias físicas
que arrastraba y algunas limitaciones que ya le impedían enfrentar
el rigor de entrenar para una competencia.
Sin embargo, desde ese momento nuestro taekwondo captó un
excelente entrenador en la persona de Leudin, quien tomó su flamante
puesto como una nueva razón de ser y como otra posibilidad de
mantenerse apoyando el desarrollo de este deporte, que a los 14 años
tocó a su puerta para siempre.
Pero desde hace cinco años, el oriundo de Sagua de Tánamo vive
una verdadera pesadilla que no le permite continuar su trabajo sobre
el dojang. Es que en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, su
discípulo Ángel Valodia Matos, monarca bajo los cinco aros en Sydney
2000, cometió la grave indisciplina de agredir físicamente a un
árbitro que, incorrectamente, falló de manera absurda en su contra.
Hecho que provocó la inmediata decisión, por parte de la Federación
Mundial de Taekwondo, de sancionar de por vida al infractor y a su
entrenador. Medida bastante excesiva para el coach Leudin, a
quien no le dieron margen posible de autodefensa.
Sobre esta sentencia y otras cuestiones, el profesor Leudin
brindó sus valoraciones a nuestro diario.
¿Qué sucedió con Valodia en aquel nefasto combate?
Desde el punto de vista psicológico, Valodia se encontraba bien,
amén de otras irregularidades que acontecieron allí. Pero él iba
manejando y ganando su pelea de manera normal hasta que, producto de
una acción del contrario, sufre una herida —hecho del que se ha
hablado poco y por el cual se le tuvo que suturar con cuatro puntos
el dedo índice del pie izquierdo.
El médico lo estaba atendiendo y se encontraba apto para seguir
peleando, pero el juez principal tomó la decisión de terminar el
pleito porque simplemente esperó que pasara el minuto establecido,
para declarar ganador al contrario, sin tener en cuenta el contexto
y las circunstancias en que se encontraba Valodia. Además, en el
reglamento existe otro comando que se llama "tiempo indefinido",
mediante el cual el atleta puede seguir compitiendo, pero necesita
mayor tiempo para ser atendido por el doctor. Sin embargo, el
árbitro injustamente declaró el mandato que no debió, cuando lo
lógico era que el triunfador se decidiera en buena lid.
¿Cómo afrontó la sanción de por vida?
Nunca quisimos que se produjera semejante acto, pero sucedió y
nos responsabilizamos por lo ocurrido. Al igual que no estuvimos de
acuerdo con esa determinación tan excesiva, por lo que se están
haciendo gestiones con la dirección del INDER para que se revise
nuevamente el caso. Estamos en espera de una respuesta positiva, ha
pasado el tiempo y realmente considero que no merezco esa
amonestación, pues no agredí a nadie. Tengo la esperanza de que se
pueda revocar la decisión y reincorporarme a mi trabajo.
¿De qué manera influyó aquella Reflexión de nuestro líder Fidel
Castro donde se mencionaba el caso?
Siempre he soñado con la oportunidad de agradecerle al Comandante
en Jefe por habernos defendido, aun sabiendo que lo criticarían
después. Él nunca ha dejado solo a ninguno de sus hijos. Sus
palabras me convirtieron en otra persona, pues ya había decidido
dejar el deporte tras el suceso, pero me mantengo hasta ahora en la
pelea por volver a mis funciones para regalarle una medalla de
agradecimiento.