Intocable

Rolando Pérez Betancourt

Se inaugura hoy el Festival de Cine Francés con la película más taquillera en ese país en mucho tiempo, Intocable ––19 millones de espectadores en los cines galos, récord–– y también aclamada en otros países. Una comedia basada en hechos reales y que fue dirigida por la dupla Olivier Nakache y Eric Toledano, en el año 2011.

Intocable abrirá hoy en la Sala Charles Chaplin el Festival de Cine Francés.

Su argumento se basa en un hecho verídico que en el 2003 fue tratado en un documental frente al cual los realizadores de la que luego sería el filme Intocable quedaron impresionados. Se hablaba allí de la historia de un millonario que luego de un accidente se quedaba paralítico de las cuatro extremidades y que tras probar, con no pocos asistentes ––incapaces ellos de resistir el trabajo, tanto por lo que exigía la enfermedad, como por el carácter problemático del enfermo–– terminaron por contratar los servicios de un inmigrante africano, residente en un barrio marginal parisino, joven atlético, de sonrisa fácil y, además, recién salido de la cárcel.

Los directores vieron aquel documental, guardaron el tema en la cabeza, y cuando se creyeron con los dominios necesarios para emprender el proyecto fílmico lo primero que hicieron fue entrevistarse con los protagonistas verdaderos de la historia. Fue así que comprobaron, aunque parezca extraño, que el género que mejor se avenía para tratar "el drama" de estos dos seres en apariencia tan desiguales, era la comedia.

Pareja dispareja muchas veces retratada en el cine, pero se aceptó el reto con la premisa de "llegarle al corazón" ––como se decía en tiempos de nuestros abuelos–– a millones de espectadores. Solo que mientras en aquellos lejanos días se recurría al melodrama más sonado, angustioso y llorón para tocar "la fibra íntima", ahora, aunque no se renuncia a ciertos elementos de ese género, la empresa se vuelve más elegante, más ligera, casi como un juego, o un cuento de hadas, para lo cual resulta decisivo el desempeño de los dos actores protagónicos, el muy profesional François Cluzet y el joven Omar Sy, en el papel del inmigrante.

Gracias a ellos, y a un guion movidito en peripecias, vuelve a funcionar la fórmula de los desconocidos desiguales que se encuentran justo en un momento en que ambos, casi sin darse cuenta, se complementarán mediante una hábil combinación de la desdicha y el humor. Abundan tanto las emociones como las moralejas y también la combinación de escenas ingeniosas y muy frescas con otras pocas que no lo son tanto, pero que en conjunto funcionan perfectamente.

Y está el decorado social: el aristócrata millonario por una parte, y el inmigrante buscavidas por la otra, moviéndose en un entorno familiar sumido en la pobreza. Parte del éxito de esta comedia, contada en retrospectiva, se debe a que en esa relación se destaca mucho más lo que une a los dos hombres ––la amistad–– que los factores que la diferencian.

 

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