Ese fue el perfil por el que transitó el concierto inicial del
programa del Premio de Composición Casa de las Américas 2013, que a
lo largo de esta semana tiene lugar en La Habana. De la guitarra a
los medios electrónicos, de las convenciones tonales a la más
absoluta invención armónica transcurrió la velada en la sala Che
Guevara, de la institución.
Un joven guitarrista cubano que ha dado muestras de talento, Joe
Ott, presentó tres danzas que confirman la jerarquía del instrumento
en la región; la esencial Danza característica, de Leo
Brouwer; Danza paraguaya, de Agustín Barrios Mangoré; y
Seis por derecho, del venezolano Antonio Lauro. Para el
auditorio, una muy clara señal: el folclor como punto de partida,
nunca como fin.
Ott se unió a la violinista Maybel Peña Delgado en Tanguitis,
obra con la que el venezolano Alfredo Rugeles conquistó el Premio
Municipal de Composición de Caracas. Escritura paródica hasta un
punto, en otro se advierte la empatía con un género que desde la
cuenca del Plata ha permeado la memoria popular de un continente.
Harold Gramatges, compositor de muy amplios registros y sólida
obra que lo convirtió en el primer creador merecedor del Premio
Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria (luego
merecidamente otro cubano obtendría esa distinción, el fuera de
serie Leo Brouwer), tuvo también a la guitarra como vehículo de sus
concepciones sonoras. La Fantasía, de 1973, es en realidad un
trabajo exploratorio de las posibilidades del instrumento, aunque en
la versión interpretada por Rosa Matos los matices expresivos
otorgaron una nueva dimensión a la partitura.
El mexicano Rodrigo Sigal crea preferentemente con medios
electroacústicos y apuesta por revelar la naturaleza de tales
sonidos mediante una indagación a fondo de las variables tímbricas,
tal como lo demostró en Born in pulse, una de sus más
recientes piezas.
A otro orden responde la joven Maureen Reyes, ella misma
ejecutante del sintetizador, junto al recio percusionista Frank
Fuentes y la dúctil bailarina Yunaikys Zulueta, en Ochosí. El
poderío de la síntesis electrónica, a la que incorpora la singular
voz de Diana Fuentes, arropada por la percusión folclórica y la
proyección gestual, hacen de esta obra un espectáculo doblemente
disfrutable por la intensidad musical y el encanto visual.
También en una cuerda performática se movió la obra que finalizó
el programa: La vuelta al mundo en 80 flautas, del
puertorriqueño Carlos Vázquez. De marcado carácter conceptual, en
defensa de la paz y del respeto a la diversidad cultural, La
vuelta... exige al intérprete, la flautista Floraimed Fernández,
que se desplaza por el espacio de representación, una intención
expresiva de resonancias poéticas.