De la guitarra a los medios electrónicos

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

En América Latina y el Caribe, desde los albores del siglo pasado la escritura musical de los autores con formación académica ha venido juntando dos vertientes: una que los conduce a mirar la tradición popular; otra, a la experimentación formal dentro de los cauces abiertos por las rupturas de las vanguardias occidentales. No hay fórmulas exactas ni proporciones predeterminadas, pero sí una vocación de autenticidad y compromiso en los autores más adelantados.

foto: Ismael Batista RamírezLa flautista cubana Floraimed Fernández destacó en la ejecución de la obra del puertorriqueño Carlos Vázquez.

Ese fue el perfil por el que transitó el concierto inicial del programa del Premio de Composición Casa de las Américas 2013, que a lo largo de esta semana tiene lugar en La Habana. De la guitarra a los medios electrónicos, de las convenciones tonales a la más absoluta invención armónica transcurrió la velada en la sala Che Guevara, de la institución.

Un joven guitarrista cubano que ha dado muestras de talento, Joe Ott, presentó tres danzas que confirman la jerarquía del instrumento en la región; la esencial Danza característica, de Leo Brouwer; Danza paraguaya, de Agustín Barrios Mangoré; y Seis por derecho, del venezolano Antonio Lauro. Para el auditorio, una muy clara señal: el folclor como punto de partida, nunca como fin.

Ott se unió a la violinista Maybel Peña Delgado en Tanguitis, obra con la que el venezolano Alfredo Rugeles conquistó el Premio Municipal de Composición de Caracas. Escritura paródica hasta un punto, en otro se advierte la empatía con un género que desde la cuenca del Plata ha permeado la memoria popular de un continente.

Harold Gramatges, compositor de muy amplios registros y sólida obra que lo convirtió en el primer creador merecedor del Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria (luego merecidamente otro cubano obtendría esa distinción, el fuera de serie Leo Brouwer), tuvo también a la guitarra como vehículo de sus concepciones sonoras. La Fantasía, de 1973, es en realidad un trabajo exploratorio de las posibilidades del instrumento, aunque en la versión interpretada por Rosa Matos los matices expresivos otorgaron una nueva dimensión a la partitura.

El mexicano Rodrigo Sigal crea preferentemente con medios electroacústicos y apuesta por revelar la naturaleza de tales sonidos mediante una indagación a fondo de las variables tímbricas, tal como lo demostró en Born in pulse, una de sus más recientes piezas.

A otro orden responde la joven Maureen Reyes, ella misma ejecutante del sintetizador, junto al recio percusionista Frank Fuentes y la dúctil bailarina Yunaikys Zulueta, en Ochosí. El poderío de la síntesis electrónica, a la que incorpora la singular voz de Diana Fuentes, arropada por la percusión folclórica y la proyección gestual, hacen de esta obra un espectáculo doblemente disfrutable por la intensidad musical y el encanto visual.

También en una cuerda performática se movió la obra que finalizó el programa: La vuelta al mundo en 80 flautas, del puertorriqueño Carlos Vázquez. De marcado carácter conceptual, en defensa de la paz y del respeto a la diversidad cultural, La vuelta... exige al intérprete, la flautista Floraimed Fernández, que se desplaza por el espacio de representación, una intención expresiva de resonancias poéticas.

 

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