Miradas de Laz

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Entre los ecos de la recién finalizada Bienal Internacional del Humor resuena con voz definida la exposición que reunió en la sala Villena, de la UNEAC, el trabajo que desde hace buen tiempo viene desarrollando el dibujante Lázaro Miranda con la caricatura personal, el cual con frecuencia suele ocupar un espacio en la página del DDT de Juventud Rebelde. Las miradas de Laz presentó un repertorio representativo de un trabajo que trae a la actualidad una zona del humor gráfico que exige oficio, penetración y síntesis en su ejecución.

Entre las personalidades retratadas por Laz figura Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco Héroes cubanos prisioneros del imperio.

Aunque no son pocos los que cultivan esta parcela en nuestro país, no siempre los resultados colman las expectativas. De una parte, la pretensión de lograr un "parecido" con el modelo ha llevado a artistas que se mueven con solvencia en otras categorías del humor a una especie de desvaído realismo fotográfico. De otra, no basta con la simplificación de los rasgos ni con la burda exageración del gesto. Esto sin contar que en la segunda mitad del siglo pasado quedó en el imaginario popular del género la huella paradigmática de Juan David, un artista que creó un estilo único e irrepetible de la caricatura personal, al punto que todo lo que se hacía inevitablemente era comparado con la obra del maestro.

Presumo cuán arduo ha sido para Laz encontrar el tono justo y la línea adecuada para encauzar su expresión. Lo ha hecho a partir de una composición rigurosa, en la que los volúmenes sobresalientes en el trazo (con algo que nos recuerda un tanto a las ilustraciones a lo Daumier) determinan el perfil del modelo. Sobre esa base, el creador atrapa, o mejor dicho, encierra en sus líneas, la fisonomía de los modelos y, más importante todavía, el gesto que refleja su carácter.

Así Laz consigue un doble objetivo: estimular en el receptor una identificación intelegible e inteligente con cada uno de los personajes y a la vez lograr que aquel descubra una constante estilística unitaria en el conjunto.

Esta de Laz, desde luego, no es una concepción excluyente. Hay y habrá una y mil maneras de asumir la caricatura personal. Las necesitamos en aras de enriquecer nuestro humor gráfico. Pero sin lugar a dudas la obra de Laz ya es un referente de sobrada calidad.

 

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