La experiencia permite dar utilidad durante alrededor de ocho
meses a una infraestructura dotada de sistemas de riego y un
excelente sustrato, que de lo contrario permanecería inactiva todo
ese tiempo.
Enrique Cruz, quien dirige la actividad tabacalera en Vueltabajo,
explica que además de aportar un volumen considerable de alimentos,
ello contribuye a recuperar en un menor tiempo la inversión que
demanda la construcción de los canteros.
"Por otro lado, además del impacto económico, logramos que estas
áreas permanezcan limpias. De lo contrario, se cubrirían de yerba y
empezarían a deteriorarse", añade Enrique.
Ante estas ventajas, la orientación es realizar dos campañas de
hortalizas, tras concluir la entrega de posturas para la cosecha
tabacalera, señala el directivo.
Se trata de una indicación en la que se exceptúan cultivos como
el tomate, el pimiento, el pepino o la col, por ser hospederos de
plagas y enfermedades que afectan al tabaco.
Para Carmelo Ledesma, jefe de la brigada encargada de la batería
de canteros tecnificados de La Vigía, una de las cinco con que
cuenta el municipio de Mantua, el aprovechamiento de la instalación
en la siembra de cebolla, acelga, rábano y habichuela, significa la
posibilidad de tener trabajo todo el año.
"De lo contrario, después de culminar la entrega de posturas, en
el mes de noviembre, nos habríamos quedado sin contenido hasta
agosto.
"Además, tenemos todo esto", dice, mientras señala los 354
canteros donde, a pesar de la escasa experiencia, el desarrollo
vegetativo de las plantaciones augura una elevada producción.
"La mayoría de estos trabajadores acumula muchos años en la
actividad tabacalera, pero nunca antes habían sembrado hortalizas.
Por tanto, tuvimos que capacitarlos, con los manuales de la
agricultura urbana, y luego hemos mantenido la asesoría", comenta el
ingeniero Amado Ramos, especialista de la Empresa Agropecuaria de
Mantua.
Se estima que esta práctica, que hoy se trata de replicar en los
cerca de mil canteros existentes en el municipio, pudiera tener un
impacto muy grande.
"Por ejemplo, podríamos autoabastecernos de cebolla, un cultivo
que en condiciones normales no se da en nuestros suelos, pero en los
canteros, con un sustrato creado a base de materia orgánica, ha
tenido muy buen comportamiento", señala Amado.
Introducidos a gran escala durante los últimos años, los
semilleros tecnificados son estructuras similares a los
organopónicos, ubicadas cerca de las plantaciones tabacaleras, a fin
de evitar largos recorridos para el suministro de posturas.
Entre sus ventajas, destaca el hecho de aportar cuatro veces la
cantidad de plantas que se obtienen en los tradicionales, algo que
reduce notablemente las extensiones de tierras a utilizar. Unido a
ello, también permite economizar combustible, medios de transporte,
fuerza de trabajo, fertilizantes, pesticidas, agua y otros recursos.
Tales virtudes han propiciado la construcción de unos 10 mil 900
canteros a lo largo de Vueltabajo en lo tres últimos años, con los
cuales hoy se logra cubrir el 18 % de las posturas que demanda la
actividad tabacalera, y la tendencia es a continuar creciendo.
Según Enrique, en el 2013 se deben incorporar otros 5 000. De
modo que a la par de una mayor eficiencia en torno al principal
cultivo de esta provincia, las condiciones para producir altos
volúmenes de alimento, también se incrementan.