Los militares narraron horrorizados cómo, sin saberlo, abatieron
a niños soldados durante los combates contra los rebeldes de Séleka
en la capital centroafricana, Bangui, poco antes de que el grupo se
hiciera con el poder y derrocara al presidente Francois Bozizé.
"Una vez acabaron los disparos vimos que habíamos matado a
niños", declaró uno de los soldados sudafricanos que sobrevivió a
los enfrentamientos, en los que perdieron la vida 13 de sus
compañeros.
Sudáfrica tenía desplegados 400 soldados en la RCA, en una misión
internacional conjunta con varios países africanos para contener el
avance rebelde.
"Matamos a adolescentes que debían haber estado en la escuela.
Lloraban, pedían ayuda, llamaban a las madres", narró otro de los
entrevistados.
Meses antes, UNICEF había denunciado el reclutamiento de niños
soldados tanto por parte de las tropas rebeldes como del Gobierno.
Según datos de la organización, antes del alzamiento de los
rebeldes, ya había en la RCA unos 2 500 niños sobre las armas.
El Fondo de la ONU para la Infancia estimó a finales del pasado
año que en el mundo hay entre 250 y 300 mil niños soldados, un
tercio de los cuales estaría en África.
En regiones donde más de la mitad de los infantes no asisten a la
escuela y la ayuda internacional apenas hace mella en siglos de
despojos, los niños son, lastimosamente, una baja previsible de la
miseria y la violencia.