En la declaración final de la recién concluida Cumbre de Durban,
los jefes de Estado y Gobierno de los BRICS anunciaron la creación
de un banco propio que actuaría como defensor y garante de los
intereses de los países en desarrollo.
La nueva entidad financiera —destinada a invertir en proyectos de
infraestructura y desarrollo sostenible para sus integrantes y otras
naciones— podría marcar un punto de inflexión en el objetivo
estratégico de los BRICS de impulsar el creciente peso económico del
Sur para democratizar las instituciones de gobernanza global y
desafiar la hegemonía del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del
Banco Mundial (BM).
No obstante, los BRICS aún deben ponerse de acuerdo sobre la suma
que cada país aportará al capital inicial, que según estimaciones de
expertos podría ascender hasta 50 mil millones de dólares.
En la anterior cumbre de Nueva Delhi, los BRICS ya habían
solicitado una reforma de los gemelos occidentales de Bretton
Woods (FMI y BM), excesivamente controlados por Estados Unidos y
Europa.
Igualmente, desde junio del 2012, cada una de estas economías ya
había encomendado a sus ministros de Finanzas y gobernadores de
bancos centrales estudiar la posibilidad de construir una red de
seguridad financiera con vistas a crear un Acuerdo de Reserva
Contingente del grupo BRICS. Este tema fue retomado ahora en la cita
anual del bloque, que en su conjunto posee más de la mitad de las
reservas de divisas del mundo —incluido el oro— y aporta el 21 % del
Producto Interno Bruto (PIB) global.
Otros convenios firmados entre las naciones emergentes más
pobladas del planeta comprenden la complementariedad, transferencia
tecnológica y cooperación en el desarrollo de habilidades, la
manufactura y la industrialización. Destaca, asimismo, la inversión
en estructuras de "economía verde", es decir, poco contaminantes; un
aspecto que para desgracia del planeta no le preocupó a ninguna de
las potencias occidentales que hoy conocemos durante sus
revoluciones industriales.
Más allá de los acuerdos alcanzados en la esfera económica, el
grupo de los BRICS —que tiene ocupados dos asientos permanentes en
el Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia y China)— también se
pronunció por el derecho de los pueblos a su libre autodeterminación
y en rechazo a la militarización del conflicto en Siria, promovida
por Estados Unidos y sus aliados. Reconocieron, además, el derecho
de Irán al uso pacífico de la energía nuclear e instaron a disipar
cualquier duda al respecto mediante el diálogo, no la guerra.
Y es que "la disposición de los países del grupo de los BRICS a
ofrecer sus propias nuevas iniciativas de desarrollo e ideas
políticas es una clara señal del cambiante panorama mundial", afirma
Helen Clark, administradora del Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo.
A una década de creado el grupo, la ONU ha certificado que su
desempeño contribuye al desarrollo del Sur a través del comercio,
las inversiones y la asistencia bilateral. En Latinoamérica y
África, han establecido nexos políticos y económicos muy fuertes,
llegando a desplazar a Estados Unidos y a otras potencias del Viejo
Continente, para convertirse en los principales socios de muchos de
estos países.
Coincidiendo con el analista Pepe Escobar, la creación del Banco
BRICS "supondrá el principio del fin del actual sistema de gestión
monetaria". "Una alternativa al BM y al FMI es absolutamente
esencial, esto es el inicio del fin del sistema de Bretton Woods
y debe ser apoyado por los posteriores BRICS", subraya el
también corresponsal de Asia Times.
"Las placas tectónicas de la geopolítica y la geoeconomía están
cambiando, y ya no son más atlantistas", destaca Escobar para luego
enfatizar en que se trata del "surgimiento, la reaparición del Sur",
que "ha comenzado a organizarse".