Froso Kokikou, un jubilado de 64 años, fue este jueves a retirar
todos sus ahorros del Banco Popular de Chipre, que reabrió sus
puertas tras 12 días de corralito y bajo un fuerte despliegue
policial.
Con tanta incertidumbre en el sector financiero, muchos
preferirían tener su dinero debajo del colchón que en la bóveda de
un banco.
Pero Kokikou, al igual que las miles de personas con sus mismas
intenciones en el país, se encontró con que podía sacar apenas 300
euros por día, las transacciones internacionales no podían superar
los 5 000 y la cancelación de cuentas a plazo fijo quedaban
prohibidas.
"¿Qué puedes hacer? Esto es lo que nos impusieron y con lo que
tenemos que vivir", le dijo a Reuters, refiriéndose a las duras
condiciones que debió aceptar su país a cambio de un rescate
europeo.
Y estas restricciones podrían durar hasta un mes, según confirmó
el ministro de Exteriores, Ioannis Kasoulides.
De continuar la incertidumbre, quizá los 5 000 millones de euros
que llegaron la víspera en cuatro contenedores procedentes del
Bundesbank alemán, pero bajo el sello del Banco Central Europeo, no
sean suficientes para calmar la sed de liquidez que se apodera de la
isla.
Es la primera vez durante el último lustro que un país de la
Unión Europea introduce controles al movimiento de capital. Un
precedente que quita el sueño a muchos ahorristas en el continente,
aunque el portavoz del Fondo Monetario Internacional, Gerry Rice,
asegure que el caso de Chipre es "singular".