Sed de liquidez se apodera de Chipre

Sergio Alejandro Gómez

Froso Kokikou, un jubilado de 64 años, fue este jueves a retirar todos sus ahorros del Banco Popular de Chipre, que reabrió sus puertas tras 12 días de corralito y bajo un fuerte despliegue policial.

Con tanta incertidumbre en el sector financiero, muchos preferirían tener su dinero debajo del colchón que en la bóveda de un banco.

Pero Kokikou, al igual que las miles de personas con sus mismas intenciones en el país, se encontró con que podía sacar apenas 300 euros por día, las transacciones internacionales no podían superar los 5 000 y la cancelación de cuentas a plazo fijo quedaban prohibidas.

"¿Qué puedes hacer? Esto es lo que nos impusieron y con lo que tenemos que vivir", le dijo a Reuters, refiriéndose a las duras condiciones que debió aceptar su país a cambio de un rescate europeo.

Y estas restricciones podrían durar hasta un mes, según confirmó el ministro de Exteriores, Ioannis Kasoulides.

De continuar la incertidumbre, quizá los 5 000 millones de euros que llegaron la víspera en cuatro contenedores procedentes del Bundesbank alemán, pero bajo el sello del Banco Central Europeo, no sean suficientes para calmar la sed de liquidez que se apodera de la isla.

Es la primera vez durante el último lustro que un país de la Unión Europea introduce controles al movimiento de capital. Un precedente que quita el sueño a muchos ahorristas en el continente, aunque el portavoz del Fondo Monetario Internacional, Gerry Rice, asegure que el caso de Chipre es "singular".

 

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