Son muchos los detalles para alcanzar un buen béisbol. Este es un
deporte muy rico en reglas, tal vez el que más posee, y en
consecuencia, es amplio en contenido táctico y estratégico. Dicha
condición lo hace complejo, y al propio tiempo le da las cualidades
suficientes para brindar un espectáculo que puede tener en tensión a
los espectadores por más de tres horas.
Justamente su duración le exige también a todos sus actores estar
al ciento por ciento en cada instante del desafío. Los protagonistas
no solo son los jugadores, directivos y aficionados. Los árbitros
tienen en el éxito de un juego una altísima responsabilidad, tanto
que de su actuación pudiera depender hasta el desarrollo de esa
disciplina en un país.
No hace mucho citamos la frase de un destacado entrenador de
fútbol y árbitro español, por demás periodista, Pedro Escartín,
quien afirmó: "dime el arbitraje que tienes y te diré el fútbol que
juegas". Traslademos la cita a la pelota y sabremos cuánto pesa un
umpire en el desafío y en eso que queremos elevar y le
llamamos el techo de la pelota.
Casi 15 minutos duró la decisión de una jugada, de apreciación no
de regla, en el partido del miércoles en la noche entre los equipos
de Matanzas e Industriales, en el Latinoamericano. La línea bateada
por Yoandri Urgellés en el octavo episodio al jardín central estuvo
esperando ese tiempo para que fuera decretada out o declarada jit.
No vamos a juzgar si fue correcta o no la decisión, porque no es lo
más importante.
Lo realmente decisivo es señalar que el árbitro no hizo bien su trabajo. Se quedó parado, no se
internó y como no lo hizo no decretó absolutamente nada. Resultado:
la lógica y justa protesta del conjunto perjudicado y el juego
deslucido. Y le ocurrió porque faltó a la responsabilidad de estar
ciento por ciento en su rol, no importa que el juego estuviera en
los finales, a cuatro outs de la victoria de uno de los dos
contendientes, con ventaja de dos carreras.
Si alguien tiene que estar concentrado ese es el árbitro. Él es
la autoridad, quien se encarga de la disciplina, conduce el juego de
pelota, aplica el reglamento. Su labor es educativa, jurídica, ética
y deportiva. Con tanta exigencia para con el espectáculo y el propio
desarrollo del béisbol, no podemos darnos el lujo de admitir
situaciones como la ocurrida el miércoles. Hay que ser severos con
las indisciplinas de jugadores y directivos, pero para exigir hay
que predicar con el ejemplo.