Triple salto cubano

Cuatro meses para reencontrarse con el triunfo y la tradición

Harold Iglesias Manresa
harold@granma.cip.cu

Los resultados no engañan, a pesar del estirón y marca personal incluida de 17.46 metros del guantanamero de 21 años Ernesto Revé en la Copa Cuba, ese salto al triplista antillano no le hubiera alcanzado para colarse en el podio de premiaciones ni en el Mundial de Daegu, ni en los Juegos Olímpicos de Londres.

La forma de Mabel Gay como la del resto de las triplistas, dista de la actual elite del orbe.

En esos referentes de final del ciclo pasado el podio lo coparon el estadounidense Christian Taylor (17.96), el británico Phillips Idowu (17.77) y el también norteño Will Claye (17.50), en Sudcorea, mientras en la capital británica repitieron Taylor (17.81) y Claye (17.62), acompañados del italiano Fabricio Donato (17.48), quien por demás tiene el mejor registro de la actual temporada con sus 17.70 en pista cubierta.

Tampoco el 14.09 triunfador de Mabel Gay, en el Estadio Panamericano le hubiera alcanzado ese rendimiento para acceder a la final en ninguna de esas competiciones. A propósito, la santiaguera de 29 años fue la última en colgarse un metal en certámenes de nivel supremo en dicha modalidad con su 14.29 bronceado en la lid universal techada de Estambul 2012.

Más allá de esos registros, el declive en uno de los eventos de mayor tradición del campo y pista antillano es evidente. Si a la marca conseguida por Revé y sus 17.35 precedentes en una confrontación sumamos que el as universal juvenil de Barcelona, Pedro Pablo Pichardo, no rebasó los 16.54 en la Copa Cuba, y antes quedó a cuatro centímetros de los 17.20 exigidos por la IAAF como marca A para la cita del orbe de Moscú, la preocupación aumenta, o al menos difiere de momentos frescos en el recuerdo, en los que cuatro saltamontes (Alexis Copello, David Girat, Yoandri Betanzos y Osniel Tosca) —todos por una razón u otra bajas de la preselección nacional—, pugnaban a brazo partido por la titularidad.

El guantanamero Ernesto Revé necesitará superar los 17.50 para pugnar por una presea en un mundial de mayores.

Copia fiel al carbón es dicho fenómeno entre las mujeres. Solo Mabel rebasó los 14 metros en la lid doméstica y en la actualidad se torna engorroso definir una figura de puntería, pues Savigne parece no salir del bache, y Yorgelis Ribalta, Dailenis Alcántara, Liuba Zaldívar y Yarianna Martínez no acaban de "explotar", algo crucial en las aspiraciones de ofrecerles resistencia a la ucraniana Olha Saladuha (14.88), la kazaja Olga Rypakova o la colombiana Catherine Ibargüen, quienes no han clavado sus pinchos sobre el tanque aún.

Poco más de cuatro meses restan para revertir dicho panorama de cara al certamen moscovita (del 10 al 18 de agosto) y hay que mirar con luz larga hacia Río de Janeiro 2016.

Si me preguntaran por lo sucedido diría que una de las causas estriba en el tránsito de los juveniles al seleccionado de mayores, tras ese cambio se produce un impas en materia de resultados. Bien pudiera ser por la asimilación de las cargas o la adaptación a los nuevos modelajes de entrenamiento, pero no creo sea la esencia, pues en el campo y pista, como en muchas otras disciplinas, coexisten ambas categorías.

Sí creo que es menester planificar mejor el cronograma competitivo y velar porque nuestros atletas, ya no solo del triple, realicen o se acerquen a sus marcas cimeras durante o bien próximos a la competencia fundamental del año, y no al término del primer macrociclo o en otro momento menos exigente, como desde hace algún tiempo nos viene sucediendo.

Tiempo de mirarse por dentro, el reloj corre y agosto, aunque parezca lejos, se antoja vital para no vivir del recuerdo en el triple salto, tal y como nos sucedió en Daegu.

 

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