Teatro Nacional de Guiñol

El legendario Guiñol de los Camejo y Carril

Entrevista con Armando Morales, director del emblemático conjunto titiritero

Amelia Duarte de la Rosa

Hace medio siglo la conjunción de esfuerzos y sueños por un teatro de títeres nacional, de los hermanos Camejo y Pepe Carril, se consolidó con la fundación del Teatro Nacional de Guiñol (TNG). Pocos años antes ya la expresión titiritera había irrumpido en el panorama escénico con el surgimiento de grupos de retablo en Santiago de Cuba, Camagüey, Santa Clara, Matanzas y Pinar del Río.

fotos: Archivo del TNGCarucha Camejo, fundadora del Teatro Nacional de Guiñol.

El TNG —instituido por la trinidad de Carucha, Pepe Camejo y Pepe Carril en marzo de 1963— se convirtió, sin embargo, en centro de referencia de los colectivos titiriteros y sus creadores marcaron la pauta en la dramaturgia y montaje del teatro de títeres en Cuba.

Así, a partir de esa década fundacional comenzaron a aparecer en el repertorio del TNG piezas como La Caperucita Roja, El gato con botas, El pequeño príncipe para los más pequeños; títulos dirigidos al público adulto como Ubú Rey, La Celestina y otros, basados en la cultura popular cubana de origen africano Chicherekú, La loma de Mambiala y Los Ibeyis. Todos aplaudidos por público y crítica.

Junto a estos montajes nació un personaje (parte indisoluble de la historia del TNG y del proceso de maduración y búsqueda), que a petición de los hermanos Camejo y Carril, creó la escritora Dora Alonso —hada tutelar del títere en la Isla— y se asentó para siempre en nuestro teatro de títeres: Pelusín del Monte, títere que identifica la cubanía y la tradición.

Armando Morales, diseñador, actor titiritero, investigador y miembro del elenco fundador.

Empezó entonces la larga y fructífera historia de un teatro que ahora celebra sus cinco décadas de vida con dos estrenos, Milanés, de Virgilio Piñera y Los babujales, de Ulises Calá; las reposiciones de El perrito travieso, de Ricardo Garal, y una versión de Pepe Carril sobre Liborio, la jutía y el majá; talleres de dramaturgia espectacular; y la Feria Titiritera de este año en julio próximo.

En su habitual sede, en los bajos del Edificio Focsa, en el Vedado, el director del TNG desde hace 13 años, Armando Morales, compartió con Granma algunas preguntas sobre la institución.

¿Qué representan los cincuenta años del TNG?

"Cincuenta años significan trabajo y algo muy importante, colocar al títere en la cultura nacional. En todo el país existen grupos titiriteros de mayor o menor envergadura desde el punto de vista de calidad, pero no pasa como con otras manifestaciones escénicas que la capital es la que promulga la vanguardia, el títere está en toda Cuba y eso es importante.

"No hay que olvidar, acota, que esto se debe a que en los años ¢ 61 y ¢ 62, los Camejo y Pepe Carril extendieron el títere a nivel nacional, fueron contratados por la Dirección de Cultura para dar cursos sobre el arte del títere, diseño, animación y quizás algún montaje de las pocas piezas que existían en la dramaturgia cubana. A partir de esos años se crearon los grupos guiñol en las cabeceras de provincias y el arte del títere irrumpió de una manera abarcadora".

Entonces, si existían tantos grupos de Guiñol en el país ¿por qué nombrar este como el Guiñol Nacional?

"En cuanto a la nomenclatura simplemente es porque en aquel momento los artistas que se nuclearon alrededor de los Camejo y Carril eran los más calificados. Era el momento de crear grupos nacionales, fue una época de creatividad y de lenguaje de avanzada. Es virtud del teatro de títeres de Cuba que los grupos no se parezcan unos a otros, cada director tiene su estilo, selección de técnica y diseño".

En el Manifiesto y programa por un Guiñol Nacional de Cuba, que firmaron los fundadores, explicaban que "consideraban necesaria la consolidación de un movimiento titiritero cubano tendiente a promover la difusión de la cultura y las tradiciones cubanas (... ) Creemos que el teatro de títeres no solo sirve para divertir a los niños, sino que también constituye un arte de infinitas posibilidades, que abarca a todo el público por igual".

¿Es el teatro de títeres un arte que promueve la imaginación?

"Los títeres son una necesidad de la educación. El títere es el primer contacto que puede tener un niño. Es un elemento vivo que, en su pequeña anatomía de títere, contiene todas las artes, desde las artes plásticas que son las más visuales, la música, la literatura, la dramaturgia y por supuesto el propio teatro, que está signado por la magia, por el hechizo, por el encantamiento que tiene ese elemento que está en ellos mismos que es el animismo lúdico".

¿Y el titiritero?

"El titiritero no utiliza su cuerpo, salvo para sostener la figura animada. Con su energía hace que el muñeco viva. El títere es un instrumento y como tal se seleccionan sus posibilidades para darle vida. De ahí que el gran teatro es cuando de pronto el espectador descubre que lo que está sucediendo encima del escenario es vital y cuando digo vital es porque tiene vida".

A más de cincuenta años de iluminarse el TNG en los retablos cubanos, Morales asegura que el grupo no descansa y "paralelamente a la programación para el espectador infantil, tenemos estrenos para el público adulto. Somos siete actores, cuatro de nueva promoción, y yo que todavía no renuncio a bajarme del escenario.

Mantener la tradición de sus padres fundadores y seguir trabajando son los objetivos puntuales del actual TNG, que —como asegura su director— "es un teatro de mucha edad pero lo que se hace aquí no es viejo."

 

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