Desde Haití

Pocas respuestas, muchas preguntas

Leandro Maceo Leyva, enviado especial

El número de las ONG que operan en Haití estalló exponencialmente .desde el terremoto del 12 enero del 2010. Desde aquel infausto día en que la tierra tembló con furia descomunal, el modelo de cooperación desencadenado en el país es frecuentemente cuestionado. Para muchos el problema está en que mientras se fortalecen estructuras creadas por las ONG, se debilitan las estatales, las que, a largo plazo, deberán guiar al pueblo haitiano.

La mayor parte de la ayuda canalizada a través de las ONG no ha llegado al pueblo haitiano.

Asimismo, mientras muchas de estas entidades no gubernamentales presumen de transparencia, gran parte de los proyectos a los que se destinaron cuantiosas sumas de dinero nunca se convirtieron en nada tangible que mejorara la vida de nadie. Un importante porcentaje de la "ayuda" ni siquiera llegó a Haití y una gran parte de los miles de millones de dólares dedicados a la reconstrucción de la nación se gasta en las propias ONG.

¿Cómo ayuda esto a Haití? ¿Cómo podría utilizarse el dinero de forma que realmente relanzara la economía haitiana? ¿Cuántas naciones e instituciones globales quieren realmente un Haití que pueda prosperar por sí mismo? ¿Adónde va todo el dinero de la cooperación que ha llegado y llega a este país? ¿Podrá acaso una nación salvarse o gestionarse a través de las ONG? ¿Han sido las ONG eficaces? ¿Cree alguien que la ayuda humanitaria solucionará los problemas estructurales de Haití a largo plazo? ¿Cuándo se pasará a otra etapa?

El papel de las ONG en Haití plantea muchas preguntas y el pueblo haitiano necesita respuestas y sobre todo, ayudarse a sí mismo. Una nación no puede salvarse o gestionarse a través de las ONG. El futuro pasa por apoyar la reconstrucción de las estructuras e infraestructuras del sector público.

La verdadera cuestión está en cómo se administran los recursos recaudados por las ONG. La excusa de la emergencia quedó atrás. Lo que vemos ahora es la permanente sustitución del Estado por las ONG, al servicio e intereses de terceros.

El presidente haitiano, Michel Martelly, ha insistido en que toda la cooperación que reciba Haití se canalice a través del Gobierno y no de organizaciones no gubernamentales, como sucede en la actualidad, y ha asegurado que tener a las ONG manejando los recursos debilita y destruye el Estado de Derecho.

Asimismo, el Mandatario ha criticado el manejo de los fondos para la reconstrucción del país, al denunciar que la mayor parte del dinero entregado a Haití no pasó al tesoro público, sino que fue gastado por las ONG, y aseguró que mientras se trataba de proyectos humanitarios para algunos era negocio para otros.

Mientras prime la descoordinación y tenga lugar aquello de que a río revuelto ganancia de pescadores, mientras la caridad sea un negocio, la venerada "reconstrucción" no pasará de ser una seudo-reconstrucción. En tanto la cooperación internacional responda a mecanismos viciados que no ayuden realmente al desarrollo de naciones como Haití, mientras esta cooperación contemple más los intereses políticos y económicos de los donantes que las necesidades del pueblo haitiano, y este no tome sus propias disposiciones, seguirá reinando el caos.

Es al pueblo y Gobierno haitianos a quienes corresponde tomar su destino con sus manos, donde todos aquellos que decidan acompañarlos deberán hacerlo bajo un diálogo de igual a igual, alejados de cualquier injerencia. Solo así, Haití podrá levantarse incluso sobre sus escombros. Mientras ello no ocurra, habrá que recurrir una y otra vez a reflexiones como esta. Esperemos que a pesar de que siempre estén prestos aquellos que disfrutan de explotar la tragedia ajena en beneficio propio, predominen los que miran al futuro de Haití con esperanza y sueñan con el día en el que la alegría venza los malos recuerdos, y las ganas de vivir del pueblo haitiano vuelvan a ser más fuertes que la unión de todas las desgracias, donde queden muy pocas preguntas que hacerse y se encuentren muchas respuestas.

 

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