Asimismo, mientras muchas de estas entidades no gubernamentales
presumen de transparencia, gran parte de los proyectos a los que se
destinaron cuantiosas sumas de dinero nunca se convirtieron en nada
tangible que mejorara la vida de nadie. Un importante porcentaje de
la "ayuda" ni siquiera llegó a Haití y una gran parte de los miles
de millones de dólares dedicados a la reconstrucción de la nación se
gasta en las propias ONG.
¿Cómo ayuda esto a Haití? ¿Cómo podría utilizarse el dinero de
forma que realmente relanzara la economía haitiana? ¿Cuántas
naciones e instituciones globales quieren realmente un Haití que
pueda prosperar por sí mismo? ¿Adónde va todo el dinero de la
cooperación que ha llegado y llega a este país? ¿Podrá acaso una
nación salvarse o gestionarse a través de las ONG? ¿Han sido las ONG
eficaces? ¿Cree alguien que la ayuda humanitaria solucionará los
problemas estructurales de Haití a largo plazo? ¿Cuándo se pasará a
otra etapa?
El papel de las ONG en Haití plantea muchas preguntas y el pueblo
haitiano necesita respuestas y sobre todo, ayudarse a sí mismo. Una
nación no puede salvarse o gestionarse a través de las ONG. El
futuro pasa por apoyar la reconstrucción de las estructuras e
infraestructuras del sector público.
La verdadera cuestión está en cómo se administran los recursos
recaudados por las ONG. La excusa de la emergencia quedó atrás. Lo
que vemos ahora es la permanente sustitución del Estado por las ONG,
al servicio e intereses de terceros.
El presidente haitiano, Michel Martelly, ha insistido en que toda
la cooperación que reciba Haití se canalice a través del Gobierno y
no de organizaciones no gubernamentales, como sucede en la
actualidad, y ha asegurado que tener a las ONG manejando los
recursos debilita y destruye el Estado de Derecho.
Asimismo, el Mandatario ha criticado el manejo de los fondos para
la reconstrucción del país, al denunciar que la mayor parte del
dinero entregado a Haití no pasó al tesoro público, sino que fue
gastado por las ONG, y aseguró que mientras se trataba de proyectos
humanitarios para algunos era negocio para otros.
Mientras prime la descoordinación y tenga lugar aquello de que a
río revuelto ganancia de pescadores, mientras la caridad sea un
negocio, la venerada "reconstrucción" no pasará de ser una
seudo-reconstrucción. En tanto la cooperación internacional responda
a mecanismos viciados que no ayuden realmente al desarrollo de
naciones como Haití, mientras esta cooperación contemple más los
intereses políticos y económicos de los donantes que las necesidades
del pueblo haitiano, y este no tome sus propias disposiciones,
seguirá reinando el caos.
Es al pueblo y Gobierno haitianos a quienes corresponde tomar su
destino con sus manos, donde todos aquellos que decidan acompañarlos
deberán hacerlo bajo un diálogo de igual a igual, alejados de
cualquier injerencia. Solo así, Haití podrá levantarse incluso sobre
sus escombros. Mientras ello no ocurra, habrá que recurrir una y
otra vez a reflexiones como esta. Esperemos que a pesar de que
siempre estén prestos aquellos que disfrutan de explotar la tragedia
ajena en beneficio propio, predominen los que miran al futuro de
Haití con esperanza y sueñan con el día en el que la alegría venza
los malos recuerdos, y las ganas de vivir del pueblo haitiano
vuelvan a ser más fuertes que la unión de todas las desgracias,
donde queden muy pocas preguntas que hacerse y se encuentren muchas
respuestas.