la
52 Serie Nacional de Béisbol, y en el partido más esperado de este
regreso de nuestro principal espectáculo, entre Industriales y
Matanzas, es lamentable e impermisible.
Nadie puede estar por encima de la pelota, de su campeonato, de
las pasiones que despierta en nuestro pueblo, pues estaría
decepcionando a ese hombre o mujer, que va al estadio a admirar a
los protagonistas, a emocionarse con las buenas jugadas, a aplaudir
y reconocer las acciones de total entrega a esa afición.
Pudiéramos admitir el desacuerdo con una decisión arbitral, pero
hay que tener la suficiente compostura para no transmitir un mal
ejemplo, sobre todo a los dirigidos y a los jóvenes que comienzan a
formarse. Pero lo que no se puede tolerar es atentar contra un
partido, como lo hizo el director matancero Víctor Mesa, al enviar a
un jugador de cuadro al montículo en franco desafío con lo decidido
y en claro desconocimiento al rival, al público presente y a quienes
desde la televisión seguían el partido.
En estas mismas páginas hemos reconocido la labor desplegada por
él en la conducción y dirección del equipo Cuba que nos representó
en el recién finalizado III Clásico Mundial de Béisbol. La unidad
que logró en ese colectivo, la manera en que se condujeron dentro y
fuera del terreno aquellos peloteros, su forma de expresarse. Sin
embargo, esos lauros con mucha más razón no le dan el derecho y
mucho menos la impunidad —como nadie la tiene—, de atentar contra
algo tan sagrado para el cubano como lo es la pelota. Cabría
recordar que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
Cría fama y acuéstate a dormir, que no se crea por sí sola, sino
por una serie de hechos que le restan méritos a un destacado atleta
y a un director que tiene mucho que aportar en el objetivo de elevar
el techo de la pelota cubana, pero alcanzar esa meta empieza por
respetar el campeonato donde se juega.
A más responsabilidad, mayor rigor en la disciplina y en el
ejemplo a transmitir. No se puede construir con débiles cimientos,
como las incongruencias del mentor del equipo Cuba, y de Matanzas,
en la noche del martes.
La modestia, comprensión, sencillez y respeto deben acompañar la
tenacidad, el coraje y la entrega en el terreno. Combinar tales
atributos no es tarea de un día, se va adquiriendo jornada a
jornada, con buenos ejemplos. Y en esa labor la dirección nacional
de béisbol y el INDER tienen que ganar mucho terreno, y lo primero
es no permitir bajo ningún concepto escenas tan repudiables como la
apreciada por las multitudes el martes en el Latino.