Evolución.
Paz. Progreso. Las tres palabras se repitieron como un mantra en la
conversación con Joyván Guevara (Djoy de Cuba). Representan con
líneas maestras la filosofía de este escultor de sonidos, bautizado
por muchos como un gurú de la música electrónica cubana desde que
irrumpió en la escena local en los años noventa. Efectivamente, la
originalidad, la imaginación y la maestría exhibida en el dominio de
las noches y las máquinas, lo convierten en una figura esencial en
el cartel de cualquier celebración que difunda la electrónica como
un auténtico hecho artístico.
No
somos pocos los que recordamos a Djoy "pinchando" discos en clubes
que abrían sus puertas a una música que en la década del noventa
adquiría carácter vanguardista, novedoso y experimental. En aquellos
rituales de iniciación, dirigía todo su interés al afán de dar
cuerpo a su carrera de manera autodidacta y con una intensa
dedicación, que llegaba desde el mundo de sus instintos.
"Debuté en las matinés del entonces club Atelier. En principio lo
tomé como un hobby porque no pensaba que podía ser Dj. Por
aquel entonces tenía el sueño de integrar una banda de rock y
girar por Cuba. Pero después me atrapó con fuerza la magia de la
electrónica y armamos el programa de Brigada Verde, que con la ayuda
de famosos Djs alemanes pasó a la historia como el primer festival
de música electrónica en Cuba", rememora Djoy en entrevista con
Granma.
¿Cómo recuerdas el panorama sonoro de los años noventa?
"Desde el inicio le poníamos mucha ‘bomba’ a lo que hacíamos.
Para nosotros era muy importante alcanzar el control de las fiestas,
enseñar a la gente nueva música y demostrar que la electrónica es
una órbita de paz, evolución y progreso, pues la mayoría de los Djs
buscamos un futuro pacífico y una generación pacífica, que se
preocupe por la unidad, el amor y deje a un lado las armas y las
guerras".
¿Existe algún hecho definitorio en tu carrera de Dj?
"Conocer en el 2001 a Jeff Mills (uno de los padres del techno
de Detroit) fue para mí como si un rocker conociera a los
Rolling Stones o a Led Zeppelin. Ocurrió en un festival habanero de
música, donde observé detenidamente cómo trabajaba. Tras su
presentación, me regaló 11 vinilos con su música y luego me encerré
dos meses en la casa. En ese tiempo me dediqué a estudiar y a
mezclar su obra. Fue uno de los momentos en que adquirí más
‘vista’".
¿Mantiene vínculos la vanguardia de los Djs cubanos con la obra
del pionero de la música electroacústica en Cuba, Juan Blanco?
"Nosotros somos una continuidad de su legado. Yo no comencé nada,
él fue quien inició el movimiento. Juan Blanco hacía de Dj, aunque
nunca lo dijo. Llegaba al teatro, ponía sus placas de Led Zeppelín y
Pink Floyd, y aquello se repletaba. Por eso, mi sueño siempre fue
tocar en el Mella porque nuestra historia comenzó allí".
¿Qué diferencias percibes entre la escena electrónica local y la
foránea?
"Aquí la escena es muy sana y el público tiene mucha cultura de
baile. Pero todavía las instituciones deben conectarse con un género
que marca la evolución cultural de la ciudad. También los clubes
requieren al frente personas con cultura musical para que mantengan
un balance sonoro equilibrado".
¿Se puede hablar de calidad en la vanguardia de los Djs y
productores locales?
"Existen muchos Djs que no poseen los equipos básicos, pero sin
embargo, realizan obras buenísimas. Lo único que falta es promoción,
que no solo exista Cuerda Viva, sino también otros programas".
Tus sesiones se caracterizan por la fusión entre la electrónica y
clásicos de la música cubana...
"Me interesa que la juventud conozca nuestra música de mayor
universalidad. La uno a la electrónica porque es una manera de
presentar a los jóvenes a Benny More, a Silvio, a Pablo, a Elena
Burke, a Irakere... De ese modo muchos pueden bailar y llevar en sus
reproductores la obra de esos grandes músicos. Ese es mi propósito".