WASHINGTON.
— Una misión del Comité Internacional de la Cruz Roja Internacional
supervisa hoy la salud de numerosos reclusos que desde hace siete
semanas están en huelga de hambre contra los castigos aplicados en
la base estadounidense de Guantánamo.
Bijan Farnudi, vocero de esa organización mundial, confirmó a
periodistas que un médico y otro especialista sanitario fueron
enviados a ese centro militar, instalado en el sureste de Cuba
contra la voluntad de las autoridades y pueblo de ese país caribeño.
De acuerdo con el funcionario, el Comité tenía previsto visitar a
los prisioneros a partir del 1 de abril y durante dos semanas, pero
decidió adelantar su programa "para tratar de entender las tensiones
actuales y la huelga de hambre."
La protesta comenzó el pasado 6 de febrero con seis prisioneros
del bloque Campo seis, pero con los días radicalizó y sumó más reos
que rechazan medidas como el confinamiento por tiempo indefinido,
los registros a sus pertenencias y confiscación de copias del Corán,
el libro sagrado de los musulmanes.
Según el portavoz de la base-prisión, Robert Durand, en la
actualidad 31 detenidos participan en el ayuno, 11 de ellos reciben
alimentos a través de sondas nasogástricas y otros tres están
hospitalizados por deshidratación severa.
Pero abogados de los presos aseguran que la cifra real supera los
100 huelguistas y excepto algunos reclusos de mayor edad, ninguno
acepta los nutrientes que le ofrecen las autoridades de la cárcel y
solo beben agua.
Los juristas también están preocupados por la salud de sus
clientes y alertan sobre una extensión de las protestas ante la
insistencia del Departamento de Defensa de minimizarla.
"Esta huelga de hambre es sin precedentes, por su magnitud, su
duración y determinación", explicó a periodistas David Remes,
representante legal de 15 participantes en el ayuno.
Mientras, su colega Omah Farah -abogado de siete huelguistas-
calificó de irresponsable la insistencia de las autoridades
militares de Estados Unidos de subestimar la medida de fuerza y
alertó que esa actitud solo pondrá en peligro las vidas y la salud
de los detenidos.
La semana pasada, el jefe del comando estadounidense desplegado
en la base-prisión admitió que los reclusos iniciaron el ayuno
porque están frustrados por el fallo de la Casa Blanca en clausurar
ese centro.
El presidente Barack Obama se comprometió durante la campaña
electoral de 2008 a cerrar dicha instalación, pero no cumplió la
promesa en su primera gestión ni tampoco tocó el tema tras ser
reelecto el año pasado para un nuevo periodo de mandato.
La base naval que Estados Unidos mantiene en territorio cubano,
contra la voluntad de su pueblo, fue convertida en una cárcel en
2001 para encerrar allí a toda persona considerada sospechosa de
terrorismo.
Todos los reos fueron capturados en el extranjero y llevan 11
años encarcelados sin enfrentar cargos concretos.
El centro es considerado un moderno campo de concentración donde
a la población penintenciaria se le aplica diversas modalidades de
tortura como el aislamiento en celdas con temperaturas extremas o
mantenerlos amarrados en posición fetal por más de 24 horas sin
alimentos. (