Mucho menos creyó que siendo él un poeta, podría fácilmente
desprenderse de la métrica y el verso para narrar en páginas
completas varias tramas copiosas de sucesos reales, encuentros
familiares, emociones tremendas y un pasado subrepticio de un Bayamo
que ni siquiera conocía más allá del libro escolar y la tradición
oral.
Sin embargo, demasiado delicioso y virgen era el argumento aquel
del abuelo de su abuela, honorable escolta del Conde de Valmaseda,
soldado del Batallón de Cazadores que entró a reconquistar una
ciudad humeante todavía tras el fuego prendido por sus hijos, y a
quien luego la lucha interna entre principios y conciencia lo
conminó a desertar y refugiarse en la finca que dio título al libro
La Concordia.
Y fue precisamente su madera de poeta la que no permitió a Evelio
(Bayamo, 1985) renunciar al recurso mágico de la poesía en la prosa.
No había por qué divorciar el verso. "Escribir la novela necesitó de
esa poesía para desfosilizar el pasado y redescubrir los tesoros
ocultos en la Troya de Cuba que fue el Bayamo del siglo XIX", dijo.
Fue esa combinación exacta entre fidelidad y atrevimiento, paciencia
y terquedad, el permiso para saltar a la narración y construir su
primera novela, empresa coronada con el Accésit del Premio ALBA
Narrativa 2012, y que en la Feria del Libro vio la luz en miles de
ejemplares, aunque demasiado escasos para la avidez del público que
los buscó.
La Concordia desborda los méritos que le aplaudió el jurado,
como el cuidado del lenguaje y la acertada estructura narrativa.
Elegancia, profundidad y convincente calidad estética también
conspiran para lograr "la paralización del tiempo del lector que
pretendí".
Sumergido largo tiempo en el polvo del archivo centenario de
Bayamo, la persistencia de la investigación lo premió con la
concepción final de una novela que ilustra una imagen inédita de la
villa, como casi exactamente era en una época muy poco conocida.
"Me propuse acudir a la mayor verosimilitud posible, narrar
hechos reales, dar vida a personajes conocidos como Valeriano Weyler
y el Conde de Valmaseda, otros menos referidos como Prudente
Bermúdez, celador de policía, o Loló Benítez, temido bandido local.
"Sin embargo, la idea no solo fue reconstruir perfiles de
personajes, sino rearmar una época con todo lo que lleva. Es un
texto muy sensorial y descriptivo, pensado para hechizar los
sentidos.
"También fue el intento de ilustrar a Bayamo mucho más allá de lo
que se ha contado. Es cierto que es una de las urbes cubanas de más
rica historiografía, pero hay aún muchos periodos oscuros que la
literatura puede ayudar a revelar. Vivimos sobre una rosa escondida
en el polvo de medio siglo, y debemos soplar."
Mientras, La Concordia hizo el primer intento y triunfó,
al presentarnos a Eliseo Villegas, el nombre trastocado del abuelo
desertor del ejército español, y también del descendiente que 70
años después comienza a escribir —la novela dentro de la novela— el
pasado de su familia.
"Cuando uno escribe —concluye Evelio— siempre tiene sueños, pero
no espera que se les cumplan tan rápido. Eso es bueno y preocupante.
No obstante, la alegría del premio, y ahora del libro impreso,
todavía me duran. Es más, se multiplica en la satisfacción de
regalarle a mi abuela su historia inicial hecha novela, en el placer
de trabajar con una editorial tan prestigiosa como Arte y
Literatura, y en la posibilidad de dedicarla a Bayamo en sus 500
años.
"Mi mayor anhelo ahora es que el libro logre convertirse en una
suerte de amuleto para algunos lectores, que logren disfrutarlo
mientras los hace pensar. Entre tanto, jamás abandonaré la búsqueda
constante, esa que tiene en la curiosidad y el asombro las llaves
maestras de todas las puertas a la creación literaria."