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Sancti Spíritus
El paciente arte de “fabricar” las reinas
Centros especializados en producción de abejas
reinas aseguran la reposición sistemática de este componente
esencial de la colmena
Juan Antonio Borrego
Con más de 25 años entre los colmenares, vista de águila para
identificar la futura reina cuando todavía se encuentra en estado
larval y un valor casi espartano para soportar los aguijonazos de
cada jornada, Reinaldo Santana confiesa sin pudor alguno que no le
ha perdido el miedo a las abejas.
En
el centro de crianza de Las Tosas, Reinaldo Santana garantiza más de
2 400 reinas al año.
"A veces uno siente la punzada en el mismo corazón", bromea el
apicultor, aplatanado desde hace décadas en la zona de Las Tosas, ya
en las faldas del Escambray, donde se ubica uno de los cuatro
centros de crianza de abejas reinas con que cuenta la Unidad Básica
de Producción Cooperativa (UBPC) Antonio Díaz Fleites, responsable
de más del 80 % de esta producción, que los especialistas definen
como cardinal para la prosperidad de la apicultura contemporánea.
"Este es un oficio de dedos finos", dice Michel Montelongo,
especialista principal de producción en la Unidad Empresarial de
Base (UEB) Sancti Spíritus, subordinada a APICUBA, para ilustrar la
disciplina tecnológica, la responsabilidad en el cumplimiento del
ciclo y, por supuesto, el manoseo del día a día que deben cumplir
los criadores de reinas.
Una
buena reina asegura hasta 3 000 huevos diarios.
Con tales presupuestos y también con una buena dosis de arrojo,
Reinaldo Santana asegura más de 2 400 ejemplares al año sin contar
las bajas que le producen los ejércitos de pitirres que según cuenta
en tiempos de mango se llevan en el buche cientos de reinas cuando
salen al vuelo nupcial (proceso de fecundación), "sin que uno pueda
hacer nada para impedirlo".
GOBIERNO DE REINAS
En la jerga de los apicultores el término enjambrazón significa
la capacidad que tiene la reina, por lo general cuando ha
envejecido, para abandonar la colmena y llevarse consigo una
cantidad considerable de abejas, una suerte de sedición que cuando
menos debilita el funcionamiento orgánico del colectivo y obviamente
lastra sus resultados productivos.
Para evitar un trance tan pernicioso, los expertos concuerdan en
la utilidad de modificar el proceso natural mediante la reposición
anual de la reina por otra genéticamente seleccionada y preparada
para cumplir su cometido, un evento que requiere no poco oficio en
aras de evitar desencuentros en la colectividad.
La reina puede vivir de tres a cuatro años, pero los
especialistas en el giro dan por sentado que su vida plenamente
productiva se reduce a un, lapso en el que aporta de 2 000 a 3 000
huevos diarios y por consiguiente mantiene la población requerida
para hacer funcionar la colmena de manera óptima, que según estudios
puede alcanzar hasta los 80 mil ejemplares.
"Pero una cosa es decirlo y otra es lograrlo —precisa Michel
Montelongo— porque la genética en insectos no es nada fácil, tenemos
que buscar las llamadas colmenas elites, los mejores productores
para trabajar con ellos y conseguir, con mucha paciencia, un pie de
cría de calidad".
Luego le sigue un escalón no menos engorroso, la selección y
formación de la reina en los diferentes centros de crianza, donde en
cuestión de días la larva escogida se convierte en adulta fecundada,
un estadio que la pone en condiciones de ser llevada hasta su nuevo
trono.
El ritual para el traslado resulta digno de una verdadera
monarquía: en jaulas diminutas, más pequeñas que una caja de
fósforos, y en compañía de la servidumbre seleccionada, funcionarios
de TRASVAL transportan a las elegidas desde los centros hasta los
apiarios, donde, previo sacrificio de la reina vieja, son
depositadas en el interior de la colmena en rolos metálicos tapiados
con cera, hasta tanto las obreras se encarguen de liberarlas para el
inicio de "su gobierno".
CON PACIENCIA DE ABEJA
Sin necesidad de experimentos exóticos ni de muchas ecuaciones
matemáticas, los apicultores espirituanos vienen aprendiendo de una
máxima que parece más terrenal que la popularizada hace más de 2 000
años por el sabio griego Arquímedes: Denme una buena reina y tendré
una mejor cosecha.
El ingeniero Lázaro Bruno García, director de la apicultura en
Sancti Spíritus, asegura que por primera vez en el 2012 la provincia
logró una producción suficiente como para sustituir el ciento por
ciento de las reinas en las más de 12 mil 300 colmenas con que
cuenta el territorio, primero del país en conseguir esta meta.
Algunos factores como la no disponibilidad de ejemplares en el
momento óptimo —el primer semestre del año— y la negativa de varios
productores apegados a la tradición a prescindir de la llamada reina
natural motivaron que la reposición alcanzara solo el 92 %, un
índice que, no obstante, es considerado como muy satisfactorio.
Los directivos aseguran que siguen trabajando en la capacitación
de los productores, haciendo conciencia, inoculándole las ventajas
que trae consigo el empleo de la reina artificial, obtenida a partir
de un pie de cría superior, previamente seleccionado y con
adaptación al medio.
Ellos mismos reconocen, sin embargo, que para cubrir el total de
los apiarios con esta modalidad, suceso que lógicamente redundaría
en una mayor productividad, será preciso obrar con paciencia de
abeja, una liturgia que por suerte los apicultores espirituanos
también vienen aprendiendo a cultivar. |