Una pica en Milán

La brújula y el tiempo

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

El 26 de octubre de 1962, mientras el mundo se hallaba al borde del holocausto nuclear, el joven Giovanni Ardizzone era atropellado en la Via Mengoni, a escasos metros de la célebre Piazza del Duomo, de Milán, por las fuerzas del orden cuando junto a cientos de sus compatriotas se manifestaba por la paz y el derecho de Cuba a defenderse contra la agresión imperialista.

El profesor, promotor y bailarín Ulises Mora.

Algo más de 50 años después, en la propia capital lombarda, un nutrido grupo de jóvenes, que rondan la edad que alcanzó Ardizzone, colmaron el aula anfiteatro de la Facultad de Letras y Ciencias Humanísticas de la Universidad Degli Studi, el centro de enseñanza superior de mayor peso en la urbe milanesa, para conocer de primera mano detalles de una realidad manipulada o cuando menos marginada por los medios de comunicación hegemónicos.

La cultura cubana fue el tema, pero desde principio a fin emergió Cuba de la manera más completa posible en el tiempo disponible. El Círculo de Milán de la Asociación de Amistad Italia-Cuba, presidido por el diligente Sergio Marinoni, coordinó el coloquio con la Cátedra de Literatura Hispanoamericana de la casa de altos estudios. Como ponentes, en un panel abierto a todas las inquietudes, el poeta Miguel Barnet, el profesor, promotor cultural y bailarín Ulises Mora y el redactor de estas líneas. Entre los presentes, el maestro Luigi Pestalozza, eminente musicólogo de formación marxista y estudioso de la obra musical de los compositores cubanos Harold Gramatges, Leo Brouwer y Juan Blanco.

Barnet explicó las razones que hacen de la cultura cubana una entidad diversa y dialogante con el mundo, con raíces identitarias muy profundas, potenciadas durante el último medio siglo por una política cultural que privilegia la promoción de la lectura, la preservación de los valores patrimoniales, la vocación latinoamericana y caribeña y la formación de un público dotado de herramientas críticas para entender el mundo, presupuestos por los que se lucha cada día.

A Barnet se le respeta y reconoce en los medios académicos italianos y cuenta con atentos lectores que han seguido las ediciones en ese país de Biografía de un cimarrón, La vida real y Canción de Rachel. La doctora Emilia Perassi, jefa de la Cátedra de Literatura Latinoamericana, ponderó la presencia del escritor cubano como una posibilidad única para profesores y estudiantes de acercarse a un autor vivo de hondas resonancias actuales.

Ulises Mora se refirió a una vertiente de la labor por la promoción de los valores patrimoniales que ha incidido en que se mantengan en pleno desarrollo manifestaciones músico-danzarias como el son, la rumba y la tumba francesa. Este cronista, por su parte, explicó la importancia que tuvo para el proceso de democratización de la cultura la Campaña de Alfabetización en 1961, la multiplicación de las universidades en todo el país y la creación de una red de instituciones culturales.

Profesores y estudiantes se interesaron por los efectos del dilatado y absurdo bloqueo norteamericano sobre la cultura, la actualidad del estado de las relaciones culturales entre Italia y Cuba, a la vez que cuestionaron la sesgada presencia de los autores de la Isla en el mercado editorial italiano.

Al respecto, la reconocida escritora Bianca Pitzorno recordó que lo que se publica de Cuba no siempre es lo más representativo y obedece a tópicos preestablecidos. Puso como ejemplos la necesidad de difundir en Italia la lírica de los jóvenes decimistas cubanos —"muy cultos", acotó— y de la narrativa de autoras como Marta Rojas, cuya novela El harén de Oviedo debía incluirse, al menos, en las tareas curriculares de la hispanística.

Para Sergio Marinoni un encuentro como este resultó enriquecedor, tanto por lo que significa abrir espacios para el conocimiento de la realidad cubana como por el sedimento que deja en una juventud que vive en una sociedad que trata de mutilarla espiritualmente. Es una juventud que trata de orientar su brújula y está empeñada en ser protagonista de su tiempo, como lo fue en el suyo el mártir Giovanni Ardizzone.

 

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