Algo más de 50 años después, en la propia capital lombarda, un
nutrido grupo de jóvenes, que rondan la edad que alcanzó Ardizzone,
colmaron el aula anfiteatro de la Facultad de Letras y Ciencias
Humanísticas de la Universidad Degli Studi, el centro de enseñanza
superior de mayor peso en la urbe milanesa, para conocer de primera
mano detalles de una realidad manipulada o cuando menos marginada
por los medios de comunicación hegemónicos.
La cultura cubana fue el tema, pero desde principio a fin emergió
Cuba de la manera más completa posible en el tiempo disponible. El
Círculo de Milán de la Asociación de Amistad Italia-Cuba, presidido
por el diligente Sergio Marinoni, coordinó el coloquio con la
Cátedra de Literatura Hispanoamericana de la casa de altos estudios.
Como ponentes, en un panel abierto a todas las inquietudes, el poeta
Miguel Barnet, el profesor, promotor cultural y bailarín Ulises Mora
y el redactor de estas líneas. Entre los presentes, el maestro Luigi
Pestalozza, eminente musicólogo de formación marxista y estudioso de
la obra musical de los compositores cubanos Harold Gramatges, Leo
Brouwer y Juan Blanco.
Barnet explicó las razones que hacen de la cultura cubana una
entidad diversa y dialogante con el mundo, con raíces identitarias
muy profundas, potenciadas durante el último medio siglo por una
política cultural que privilegia la promoción de la lectura, la
preservación de los valores patrimoniales, la vocación
latinoamericana y caribeña y la formación de un público dotado de
herramientas críticas para entender el mundo, presupuestos por los
que se lucha cada día.
A Barnet se le respeta y reconoce en los medios académicos
italianos y cuenta con atentos lectores que han seguido las
ediciones en ese país de Biografía de un cimarrón, La vida
real y Canción de Rachel. La doctora Emilia Perassi, jefa
de la Cátedra de Literatura Latinoamericana, ponderó la presencia
del escritor cubano como una posibilidad única para profesores y
estudiantes de acercarse a un autor vivo de hondas resonancias
actuales.
Ulises Mora se refirió a una vertiente de la labor por la
promoción de los valores patrimoniales que ha incidido en que se
mantengan en pleno desarrollo manifestaciones músico-danzarias como
el son, la rumba y la tumba francesa. Este cronista, por su parte,
explicó la importancia que tuvo para el proceso de democratización
de la cultura la Campaña de Alfabetización en 1961, la
multiplicación de las universidades en todo el país y la creación de
una red de instituciones culturales.
Profesores y estudiantes se interesaron por los efectos del
dilatado y absurdo bloqueo norteamericano sobre la cultura, la
actualidad del estado de las relaciones culturales entre Italia y
Cuba, a la vez que cuestionaron la sesgada presencia de los autores
de la Isla en el mercado editorial italiano.
Al respecto, la reconocida escritora Bianca Pitzorno recordó que
lo que se publica de Cuba no siempre es lo más representativo y
obedece a tópicos preestablecidos. Puso como ejemplos la necesidad
de difundir en Italia la lírica de los jóvenes decimistas cubanos
—"muy cultos", acotó— y de la narrativa de autoras como Marta Rojas,
cuya novela El harén de Oviedo debía incluirse, al menos, en
las tareas curriculares de la hispanística.
Para Sergio Marinoni un encuentro como este resultó enriquecedor,
tanto por lo que significa abrir espacios para el conocimiento de la
realidad cubana como por el sedimento que deja en una juventud que
vive en una sociedad que trata de mutilarla espiritualmente. Es una
juventud que trata de orientar su brújula y está empeñada en ser
protagonista de su tiempo, como lo fue en el suyo el mártir Giovanni
Ardizzone.