Las oficinas de Control de la Tierra consignan la aprobación de
más de 12 mil solicitudes, de acuerdo con el ya derogado Decreto Ley
259. Valoraciones de la entidad relacionan ese saldo con el 100 % de
eficiencia, teniendo en cuenta que las 1 390 peticiones o casos
restantes fueron denegados por no satisfacer los requisitos del
proceso, estar en áreas no autorizadas o mediar problemas de
conducta, entre otras razones.
Consta también que cuando entró en vigor el nuevo Decreto Ley 300
(diciembre del 2012), los usufructuarios habían asumido unas 119 mil
628 hectáreas (64 % de la superficie reportada como ociosa), de las
que explotan aproximadamente las dos terceras partes, es decir unas
80 mil 883 hectáreas.
Nadie ponga en duda las expectativas que desde el principio abrió
aquella medida para miles de personas decididas a hacer producir la
tierra, entre quienes se adelantaron 1 378 jubilados, más de 1 100
mujeres, 3 233 desvinculados laborales y más de 3 10
0 pequeños agricultores que incrementaron límites.
Desde que el Decreto Ley 300 entró en vigor, 571 personas
naturales y cuatro personas jurídicas han acudido a las referidas
oficinas, en tanto se han radicado los primeros 408 expedientes, 78
de ellos para aumentar su área, de acuerdo con la posibilidad real
que ahora tiene cualquier ciudadano de extender hasta 67,10
hectáreas (cinco caballerías) las 40,26 hectáreas (tres caballerías)
fijadas como tope anteriormente.
La práctica demuestra que no pocos escollos debe vencer quien
asume un área ociosa, abandonada y generalmente cubierta por malezas
o marabú, con el propósito de hacerla producir.
Solo quienes se sobreponen al sofocante sol, a las limitaciones
de implementos, insumos, aperos de labranza y a otras insuficiencias
objetivas y subjetivas, pueden superar a pie de surco un reto que
exige extraordinaria tenacidad frente a lo adverso, espíritu
emprendedor, inteligente empleo de la política crediticia,
contratación transparente, correcta comercialización, confianza en
el vínculo con las formas productivas...
Ejemplos de prosperidad y de avance hay aquí, y en todo el
Archipiélago, aun cuando el sistema estadístico o de información de
la agricultura no siempre deslinda qué proporción del monto general
acopiado o producido proviene de las áreas entregadas en usufructo,
asunto que sí tiene una definición más precisa abajo, en la
cooperativa o unidad básica de producción a la cual se vincula y le
tributa el usufructuario.
Aun así, comparado con el año 2011, especialistas y directivos de
la Delegación Provincial de la Agricultura estiman en unas 25 mil
las toneladas de productos que en el 2012 tomaron la senda del
consumo (Acopio, Comercio Interior, ferias, mercados
agropecuarios... ) procedentes de esas tierras concedidas para su
explotación.
La realidad del día a día revela que tales ascensos no se
corresponden todavía con las necesidades reales dentro de una olla
—familiar o social— que no cuece cifras, sino viandas, granos,
carne, leche, vegetales...
Más de un millón 500 mil hectáreas de tierra fueron entregadas en
Cuba entre el 2008 y octubre del pasado año. Lo ideal sería que toda
esa superficie estuviese cubierta de cultivos, rebaños, frutales,
árboles, cañaverales. Donde así no ocurre, preguntémonos por qué.
Meditemos si en todas partes se aprecia el fruto de aquella entrega
en la magnitud esperada, si se percibe igual a pie de hogar, de
restaurante, de comedor obrero o escolar, y si se conoce lo que
realmente está aportando cada palmo de suelo.
Quizás valga la pena palpar un poco ese terreno, para que lo
proporcionado por el país en usufructo tribute cada vez más el
usufructo (provecho, utilidad, ventaja, rendimiento... ) que se
espera de una medida tan audaz, actual y revolucionaria como esa.