La drástica medida, que será aplicada una sola vez y en forma de
impuesto, fue una condición para el otorgamiento este viernes de un
rescate europeo por valor de diez mil millones de euros. Un monto
que le urge a Chipre para evitar la bancarrota.
La nación mediterránea aplica así el primer "corralito" del viejo
continente desde el comienzo de la crisis de deuda, más de una
década después de que una medida similar se llevara a cabo
infructuosamente en Argentina.
Pero los bancos ripostan que el dinero no se perderá, sino que se
transformará en acciones de las mismas instituciones financieras que
hoy están a punto de quebrar. Es decir, un negocio redondo y de paso
obligado.
Muchos chipriotas se sintieron estafados; otros, menos pasivos,
reclamaron sus derechos frente a las sedes bancarias, las cuales
permanecen cerradas hasta este jueves, cuando entra en vigor el
gravamen. Además, en caso de lograr retirar el dinero, se
encontrarían con que el monto correspondiente al impuesto permanece
retenido.
El nuevo presidente chipriota, el conservador Nicos Anastasiades,
se justificó con que había escogido entre un "escenario catastrófico
de la quiebra sin control o el escenario de una dolorosa pero
controlada gestión de la crisis", según Europa Press.
Anastasiades tiene aún que justificar su decisión ante el
Parlamento, que suspendió hasta este martes la votación sobre el
acuerdo de rescate. Desde ya, varios partidos han manifestado que no
darán su aprobación, lo cual dejaría al Ejecutivo muy mal parado
ante sus pares europeos.
Según fuentes citadas por Reuters, ante el descontento
generalizado que ha causado el anuncio, el Gobierno chipriota está
negociando una reducción del impuesto a las cuentas inferiores a 100
mil euros y un aumento progresivo a los fondos que superen esa
cifra.
De cualquier manera, el precedente de este "corralito a la
europea" abriría una Caja de Pandora en la UE, a pesar de que Chipre
es la tercera economía más pequeña de la eurozona. Los ahorristas de
otros países rescatados como Irlanda, Portugal, España y Grecia
comienzan a temer acciones similares por parte de sus gobiernos, con
consecuencias infinitamente superiores dado el tamaño de las
economías continentales. Y no es que el capital necesite mucho más
que preocupación para emigrar.