"Para alcanzar el sueño chino, China debe tomar su propio
camino", destacó Xi, en un mensaje similar al transmitido en
noviembre, cuando fue nombrado secretario general del Partido
Comunista (PCCh).
En su discurso alabó la labor desempeñada en los pasados diez
años por su predecesor, Hu Jintao, y destacó que como país clave en
el panorama mundial, el gigante asiático continuará promoviendo la
paz y la cooperación entre las naciones.
Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, previó que en los
tiempos que corren "China se enfrentará a un entorno económico
complejo", por lo que deberá evitarse que los riesgos latentes
provoquen grandes fluctuaciones en su crecimiento, en aras de
cumplir con la máxima de garantizar la justicia social en un país de
1 300 millones de habitantes.
Reunidos desde el pasado 5 de marzo, los 2 987 delegados que
integran el órgano legislativo chino —en representación de todo el
pueblo— eligieron a la nueva generación de dirigentes del Estado y
el Gobierno que llevará las riendas de la segunda economía global y
el país más poblado del mundo en los próximos cinco años, tal como
establece la Constitución.
El Parlamento aprobó, además, el presupuesto para el 2013 y un
plan de reformas encaminado a disminuir el protagonismo del Estado
en la actividad socioeconómica y empresarial del país,
redistribuyendo sus responsabilidades administrativas de una forma
más razonable y eliminando probables vías de corrupción.
Durante la celebración del XVIII Congreso Nacional del PCCh, el
pasado año, Hu Jintao propuso edificar una sociedad modestamente
acomodada para el 2020 y hacia ese objetivo van dirigidas las
reformas. El órgano político gobernante también se trazó la meta de
duplicar el Producto Interno Bruto nacional y la renta per cápita
para esa fecha, comparados con los niveles logrados en el 2010
cuando la economía china creció un 10,3 %.
Pero, para cumplir esos propósitos, el PCCh destacó la necesidad
de realizar reajustes estratégicos en la estructura económica del
país, con énfasis en la ampliación de la demanda interna, la
racionalización de las inversiones y la expansión del mercado
doméstico, para lo cual el mecanismo de supervisión estatal debía
ganar en eficiencia.
Por tanto, además de aprobar la reducción del número de
ministerios mediante la fusión de todas las entidades estatales que
cumplían funciones similares, el Parlamento dio el visto bueno al
informe de trabajo anual de la Comisión Nacional de Reforma y
Desarrollo.
El documento reconoce que si bien en el 2012 la economía creció
un 7,8 % (superando los pronósticos establecidos), aún existen
problemas de desequilibrio, descoordinación e insostenibilidad en el
desarrollo integral de la nación. Persisten dificultades en la
agricultura y la seguridad alimentaria por el agotamiento de la
tierra de labranza y el agua dulce, así como trabas en el manejo de
algunas empresas ante el elevado costo de los elementos de
producción como consecuencia de la crisis internacional e
insuficiencias en la capacidad innovadora.
De ahí que para el presente año fiscal, un elevado por ciento del
presupuesto del Estado se haya destinado a la investigación
científica aplicada a la industria y otro tanto a la búsqueda de
soluciones para edificar una sociedad economizadora de recursos y
amigable con el medio ambiente.
Se planteó el proyecto de crear "zonas pioneras de civilización
ecológica", en las que se instalarían infraestructuras ahorradoras
de energía y no contaminantes, en un intento por solventar lo que
constituye hoy uno de los principales retos de China: la polución.
Otras prioridades reiteradas en el informe de la nueva
administración china son mantener los programas dirigidos a elevar
el nivel de educación y salud del pueblo, incrementar los servicios
públicos e impulsar la urbanización en las zonas de menos recursos,
crear más empleos en las ciudades ante el aumento de la migración
desde el campo, garantizar la pensión de vejez y seguir trabajando
en la reducción del índice de pobreza.
Y es que el socialismo como política de Estado en China busca el
engranaje perfecto entre economía y sociedad. Un país hermoso y
renovado —como lo soñaron los ancestros— será aquel en el que todos
los chinos puedan disfrutar de los beneficios del desarrollo.