El Tercer Clásico Mundial de Béisbol tiene un verdugo inesperado:
Puerto Rico, una novena empeñada en tumbar a cuanto favorito se
plante en su camino, sin importar qué tan potente sea ese rival. A
sus pies cayeron uno tras otro Venezuela, Estados Unidos y por
último Japón, doble titular del exigente certamen.
Sin las luminarias de los torneos precedentes, los boricuas
superaron todas las expectativas a base de bateo oportuno, exquisita
defensa sustentada en una línea central fabulosa y una insospechada
efectividad de sus lanzadores, supuestamente el punto neurálgico del
conjunto.
"Esto es una victoria inmensa, un logro inmenso. Estamos muy
conscientes de que Puerto Rico está mirando y pendiente de lo que
sucede aquí. Y cada uno de los muchachos sabe lo que esto significa
para el pueblo, no solamente en lo deportivo, sino en lo social y
anímico", confesó emocionado el manager Edwin Rodríguez luego
de destronar a los nipones.
Precisamente, en ese partido los boricuas tomaron cada
oportunidad que le dio el pitcheo nipón para anotar carreras, como
explicara Alex Ríos, pilar de la alineación quien no había
"carburado" hasta su cuadrangular decisivo contra Atsushi Nohmi,
mientras su staff brilló con luz propia y todos los
serpentineros mostraron soberana confianza en el box.
Juntos ya han hecho historia y hoy van por más, con el veterano
de 35 abriles Giancarlo Alvarado en la lomita, hombre que ha lanzado
en la Liga Central de Japón en las últimas tres temporadas con el
Hiroshima Carp y Yokohama Bay Stars, novena con la que alcanzó
apenas un éxito en ocho salidas, con efectividad de 3,92.
En la valla opuesta estará el triunfador del pleito entre
República Dominicana y Holanda (se efectuaba al cierre de esta
edición), aunque el mentor Rodríguez no mostró preferencias.