Ars Longa entre iguales

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

La jerarquía de Ars Longa entre las agrupaciones que a nivel internacional ocupan una posición de vanguardia en el rescate e interpretación de la música de los albores de la era moderna quedó confirmada durante los dos primeros meses de este año con la exitosa presentación en el festival Resonanze, de Viena, y la gira emprendida por importantes plazas europeas.

Resonanze 2013 reunió en la capital austriaca a lo que vale y brilla en el ámbito de la música renacentista y barroca; solistas y agrupaciones de una decena de países que ofrecieron sus repertorios en la sala Mozart de la Konzerthaus.

Las mayores expectativas se concentraron en un primer momento sobre el catalán Jordi Savall, que goza de un impresionante catálogo de grabaciones y es considerado como el más importante restaurador de las glorias de esas músicas en su país.

Pero cuando irrumpió el conjunto de músicos cubanos, la crítica y el público, a la vez, coincidieron en equiparar la entrega de Ars Longa con la de la tropa de Savall.

No solo se trataba de poner sonido a partituras reveladoras del rumbo que tomó el barroco americano, sino de hacerlo con el máximo rigor interpretativo y una inusual proyección vital.

Buena parte de los asistentes a los dos conciertos protagonizados por la agrupación que dirige la maestra Teresita Paz —titulados El tesoro de las Indias y Viaje musical— descubrieron la originalidad de las partituras de Andrés Flores, Juan De Araujo, Antonio Durán de la Mota, Juan Gutiérrez de Padilla, Gaspar Fernandes, Francisco de Vidales, José Cascante, Tomás de Torrejón y Velazco, conservadas en los archivos de las catedrales de las principales urbes de los virreinatos de la corona española en el Nuevo Mundo en los siglos XVII y XVIII, y los efectos que sobre las músicas provenientes de la metrópoli europea ejercieron el contacto con las culturas de los pueblos originarios en un proceso de mestizaje y transculturación.

Luego de la presentación vienesa, Ars Longa ofreció un concierto en la ciudad alemana de Stralsund y se trasladó a Cremona, villa italiana célebre por el arte de la luthería (fabricación de instrumentos de cuerdas) cultivado por los Stradivari y los Amati.

El último punto del itinerario invernal europeo del conjunto cubano fue Galicia, donde intercambió con agrupaciones especializadas en la ejecución del repertorio barroco y destacó por la fidelidad con que transmitió la riqueza en la obra de Esteban Salas, el primer compositor reconocido de música de concierto en la Isla.

 

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