Política cultural cubana dignificó a los rumberos

Pedro de la Hoz, enviado especial

ROMA.— La dignificación de la rumba y de sus portadores solo fue posible en el contexto de la política cultural puesta en práctica hace más de medio siglo tras el triunfo revolucionario.

Aunque hubo una presencia del género en espectáculos nocturnos y películas comerciales y cierta explotación en los circuitos frecuentados por los turistas, los rumberos eran marginados en tanto ciudadanos pertenecientes a las clases populares.

Una política cultural que rescató los valores de la identidad y democratizó la promoción social, es la que fundamenta la jerarquía de la rumba, al igual que el son y la décima improvisada, como patrimonio de Cuba y su cada vez más amplia difusión por los caminos del mundo.

Con esa apreciación conceptual abrió su intervención en el Segundo Forum Internacional de la Rumba y el Son, que se efectúa en la capital italiana, Geovani del Pino, fundador del conjunto Yoruba Andabo.

Del Pino impartió una lección magistral ante decenas de aficionados de la música y los bailes tradicionales de la isla antillana reunidos en una de las salas de la Asociación Recreativa Cultural Italiana, que junto al proyecto internacional Timbalaye, promovido por los profesores Ulises Mora e Irma Castillo, patrocinan el evento.

El veterano rumbero profundizó en la relación entre las células rítmicas de los cantos de origen bantú, congo y yoruba y las variantes del yambú, la columbia y el guaguancó, y trazó un panorama de las agrupaciones del género vigentes en la isla no solo en Matanzas y La Habana, sino en todas las provincias.

También llamó la atención acerca de cómo los profesionales formados en las academias del sistema de enseñanza artística creado por la Revolución, con mayor conocimiento de causa han reelaborado elementos de la rumba en la música popular bailable contemporánea y la música de concierto.

 

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