ROMA.— La dignificación de la rumba y de sus portadores solo fue
posible en el contexto de la política cultural puesta en práctica
hace más de medio siglo tras el triunfo revolucionario.
Aunque hubo una presencia del género en espectáculos nocturnos y
películas comerciales y cierta explotación en los circuitos
frecuentados por los turistas, los rumberos eran marginados en tanto
ciudadanos pertenecientes a las clases populares.
Una política cultural que rescató los valores de la identidad y
democratizó la promoción social, es la que fundamenta la jerarquía
de la rumba, al igual que el son y la décima improvisada, como
patrimonio de Cuba y su cada vez más amplia difusión por los caminos
del mundo.
Con esa apreciación conceptual abrió su intervención en el
Segundo Forum Internacional de la Rumba y el Son, que se efectúa en
la capital italiana, Geovani del Pino, fundador del conjunto Yoruba
Andabo.
Del Pino impartió una lección magistral ante decenas de
aficionados de la música y los bailes tradicionales de la isla
antillana reunidos en una de las salas de la Asociación Recreativa
Cultural Italiana, que junto al proyecto internacional Timbalaye,
promovido por los profesores Ulises Mora e Irma Castillo, patrocinan
el evento.
El veterano rumbero profundizó en la relación entre las células
rítmicas de los cantos de origen bantú, congo y yoruba y las
variantes del yambú, la columbia y el guaguancó, y trazó un panorama
de las agrupaciones del género vigentes en la isla no solo en
Matanzas y La Habana, sino en todas las provincias.
También llamó la atención acerca de cómo los profesionales
formados en las academias del sistema de enseñanza artística creado
por la Revolución, con mayor conocimiento de causa han reelaborado
elementos de la rumba en la música popular bailable contemporánea y
la música de concierto.