CIENFUEGOS.—
Yosvani Águila Álvarez visitaba frecuentemente talleres desde niño,
porque su padre solía llevarlo a su centro de trabajo, donde
existían varios: de soldadura, tornería, chapistería...
Allí, dice el adolescente de quince años, comencé a
familiarizarme con ese universo, a amarlo y entenderlo.
"Como en el cuento El soldadito de plomo, donde los
juguetes cobran vida animada, de noche en mis sueños yo imaginaba
que las piezas, herramientas e instrumentos salían de sus cajas y
comenzaban a trabajar", narra el alumno de primer año de Obrero
Calificado en Tornería.
Él estuvo claro desde siempre, confiesa que lo suyo era respirar
y crear dentro de un taller; pero específicamente dentro del área de
Tornería, aprendida en las clases de formación vocacional de la
secundaria, en el Centro Mixto Batalla de Santa Clara del municipio
de Cumanayagua.
A diferencia de algunos muchachos que cursan su especialidad u
otras en diferentes politécnicos, quienes se quejan de haber
recibido insuficiente preparación vocacional, Yosvani tuvo una
experiencia preprofesional muy positiva, la cual lo puso en mejores
condiciones para afrontar su carrera.
Cursante del primero de los dos años en el Politécnico 5 de
Septiembre, el adolescente ya sabe "medir con el pie de rey, el
micrómetro y la regla; así como cilindrar".
En las clases teóricas, los profesores son pacientes y hacen
hincapié cuando no dominamos algo. He aprendido cómo se construye un
centro de mesa, e identificar el uso correcto de cada pieza, y a
trabajar con la carta de instrucción, prosigue.
Sus clases preferidas, cuenta son Dibujo Técnico y Taller de
Ajuste. No obstante, apunta, aquí también recibimos, entre otras,
las asignaturas de Matemática, Español e Historia.
"Quizá determinadas personas consideren que en este tipo de
enseñanza no se recibe otra instrucción que la práctica. Esa es
fundamental, claro, pero no la única. Nos enseñan varias materias",
afirma.
Él es uno de los 81 alumnos internos de este politécnico, dado
que vive en Cumanayagua, municipio distante más de 50 kilómetros de
la escuela, y le resulta imposible el desplazamiento diario,
refiere.
"Pero eso —expresa—, no me pone triste; sino que me da más tiempo
para adquirir habilidades prácticas. Yo quiero aprender rápido,
concluir la escuela y ponerme a trabajar en el taller de una
empresa. Es mi sueño, pues ser tornero siempre fue mi vocación".